Atención a los nombres de las tapas, por este orden: 1)Locura de Juana (salmorejo, exquisito); 2)Corona de Enrique VIII (tosta con atún escabechado, cama de patatas, salmorejo y Pedro Jiménez); 3)Milhoja de Isabel II (tomate natural, queso de cabra flambeado con reducción de vino tinto y Módena); 4)Boquerones Juan Carlos I (boquerones en vinagre con salmorejo); 5)Los derechos de La Pepa, una ensalada de nueces, lechuga, soja, salmón ahumado y espárragos; 6) El Barquito de María Antonieta, son dos pencas de apio crudos con tomatitos picados, mezcla de ahumados, bacalao y salmón, con huevas de lumpo; 7)Los Jardines de Los Borgia, es una tapa de ensaladilla de pulpo con pimentón picante; 8) Y el pincho Antiqua, que consta de tomatito y queso crema (tres quesos), con una anchoa, rico rico. Aparte, tienen el pincho de pisto (que no llegamos a probar), con cebolla caramelizada, pisto y ajo. Todo esto no sería tan especial, si no fuera porque el establecimiento que lo ofrece se encuentra en la calle Libertad, pegado al mercado central de abastos de Cádiz, donde hace muchos años que no se renueva la hostelería. Se llama Taberna La Antiqua, con q, y lleva dos meses abierto. Antonio Rodríguez (cocinero) y José Luis Orellana son los propietarios. Enhorabuena a su iniciativa.

El local –para los cotillas- fue antes la conocida tienda de disfraces Pepi Mayo, que al comenzar la rehabilitación del edificio, se mudó a un local cercano, junto al Arco de Garaicoechea. La fachada conserva su tradicional piedra ostionera. El interior está decorado en plan antiguo y nunca mejor dicho, pues todos los elementos parecen decadentes, incluida las dos barras que tienen, rematadas con las losas grisáceas con dibujos propias de las casas antiguas de Cádiz, aunque en realidad son reproducciones. Cuenta con terraza, entrada con barra y pequeña cocina y un salón profundo que sirve para copas.

La Antiqua ha apostado por ofrecer tapitas sabrosas, originales, a muy buen precio, junto a un menú de montaditos de chacinas variadas (carne mechada, morcón, butifarra, etc.). Tienen guiso del dia (papas con choco, menudo, arroz y carne con patatas). El sábado a la hora que fuimos, las 14,30 más o menos, ya se había acabado. Los domingos cierra todo el dia. Tienen tortilla propia, de patatas y cebolla, con una salsa autóctona y un tomatito crudo aliñado. Y su salmorejo se exporta a otros establecimientos de la ciudad, por algo será.

La puesta en escena del local está influenciada por el ambiente de la misma calle. La condición gaditana llena el aire de La Antiqua, donde la gente se conoce de siempre, se saluda, charla. Donde una señora deja el puchero recién hecho a su hija emancipada, mientras tapea en la terraza, para que se lo guarden en la nevera. Donde el mercado de abastos es el señor del lugar, y pide a gritos un poco más de clase a los hosteleros. Esto es Cádiz. Pero al menos, se abre un local con un digno estilo propio, con tapas originales, con vinos punteros, con movidas de degustaciones, en fín, con todo aquello que da vida a una zona que debería ser –o mejor dicho- no debería haber dejado de ser el núcleo más dinámico del casco antiguo de esta milenaria ciudad. Los responsables de La Antiqua han osado apostar por los aledaños de un bello mercado de 1820, que muchas ciudades querrían tener para sí. Aprovechémoslo.

Ya me veo en la zona del mercado, tras hacer mis compras semanales, con mi carrito, disfrutando de la cerveza del sábado. Confío en que otros hosteleros sigan el ejemplo.