En esta ocasión el trabajo ha sido externo, fuera de la cocina propia, en un restaurante. Pero no por ello faltaron las herramientas necesarias: cámara fotográfica, una libreta y un bolígrafo. Porque en cuanto comienzan a llegar platos hay que ponerse en marcha: inspección visual, olfativa, bendición fotográfica y degustación, que confirmará o desmentirá las primeras impresiones. Y de allí, outputs convertidos en un post más o menos bueno, pero con la filosofía de la honestidad, que no es poco.  Normalmente la información viene de nuestra propia cocina, pero por esta vez surge de un fogón ajeno, y hay que contarlo.

El mundo de la gastronomía da para mucho, de hecho creo que rige gran parte de nuestra vida, desde la salud hasta la amistad, aportando calidad o deficiencias. Cualquier cocinero que se precie en casa lleva siempre su libro de recetas o bien su tablet para buscar información. El bolígrafo se hace imprescindible. Pero la cámara es algo innato al bloguero/a, que observa, experimenta, comprueba y lo cuenta enseguida al resto del mundo con la mejor prueba que conoce, la imagen.

El bloguero gastronómico, o de cocina doméstica como yo, siempre tiene trabajo. No solo por la necesidad de aprender y sorprenderse él mismo, sino porque el mundo exterior quiere sorprenderle continuamente, bien con buenos proyectos o bien con las peores prácticas como son la especulación, el materialismo, la pereza y en suma la falta de respeto al ser humano que necesita alimentarse. El bloguero observa las 24 horas del dia. Con la comida no se juega y él ve el mundo a través de su propia cocina o de la ajena.

No sin mi libreta ni mi cámara, pero el blog es para todos.

Dedicado a mis amigos blogueros gastronómicos de Cádiz y Sevilla.