Érase una vez un revuelto de bacalao que siempre tenía éxito en casa. Lo solía poner los domingos, porque ya se sabe que los revueltos son de hacer y comer inmediatamente. Y el domingo pasado, pues resulta que mientras lo preparaba al estilo de siempre, decidí convertirlo en una tortilla académica, para aplazar su degustación, por aquello de que los huevos están más cuajados. Introduje las patatas de Sanlúcar correspondientes. Y nos salió una tortilla de lo más rica y nutritiva, vamos, prácticamente para plato único. Por eso lo cuento. A veces las cosas se perciben distintas solamente cambiando de formato, de envoltorio.

Ingredientes: 300 g de bacalao desmigado, 1 pimiento rojo, aove, dos patatas medianas, una cebolleta fresca, sal y tres huevos de corral. Ahora no me acuerdo si también añadí algo de vino blanco tipo manzanilla. ¡vaya cabeza la mía! Pero bueno, si le puse manzanilla desde luego salió genial.

Desalar el bacalao, será suficiente una noche entera. Al día siguiente trocear y quitar posibles espinas, dejar escurrir. En un perol, con buen aceite de oliva virgen extra, pochar la cebolleta picada unos minutos y luego añadir el pimiento rojo en julianas y pochar lentamente también. A continuación, poner el bacalao y saltear un buen rato para que tome el sabor del sofrito, con el chorreón de manzanilla, dejando que evapore el alcohol (10 minutos). Como tendrá mucho líquido, dejar que escurra aparte.

Pelar y freir las patatas en taquitos y reservar. Batir los huevos y mezclar patatas fritas con el salteado de bacalao. Hacer la tortilla.

Ésta es una tortilla contundente, con una proteína de gran calidad como es el bacalao, junto a los huevos que también lo son. Con un buen gazpacho fresquito, la comida está más que resuelta.