A estas alturas del blog, hemos hablado de casi todo: de sofritos, digestiones, vitaminas, manteles y aceites, y hasta de principios, responsabilidades, cariño y….pasiones. El pasado viernes, como aplicados estudiantes de enseñanza libre, asistimos a la Cata con Arte: sexo y chocolate, celebrada en el amplio local de Alejandría, libros &Café (calle Sagasta, Cádiz), y organizada por José Berasaluce. Maridaron o mejor dicho copularon el cacao y el sexo puro y duro a la luz de la historia y con fondo musical. Dina, la anfitriona, ofrece actividades como clubs de lectura, presentaciones de libros, talleres, etc. La gente acudió sobre todo por el chocolate….

“Bésame mucho”, al violín del gaditano Emilio Martín, sitúa el erotismo sin fronteras que enciende hormonas propias y ajenas. Las páginas que nos rodean soliviantan la imaginación. El maestro chocolatero, Ignacio Fernández, de la firma La Casa de Chocolate, de El Puerto de Santa María, explica la elaboración de cada pieza de chocolate (la gente un poco graciosilla con lo de probar el cacao con los deditos). Paco Vázquez, doctor en filosofía por la UCA, refiere la consideración del sexo a lo largo de los siglos en España, no siempre represora. Y la cuestión: ¿es afrodisíaco el chocolate?, concluyendo que es mito, aunque lleva euforizantes. Moctezuma lo tomaba antes de visitar a sus mujeres. El primer fluido, digo bebida, Brut espumoso de Barbadillo, el toque sensual.

Durante años no se distinguían los placeres erótico y gastronómico, y el varón que no los dominaba era considerado afeminado o pasivo. Los bebedizos para la libido y la erección duradera, solo para hombres. Era necesario fecundar. ¿Por qué al chocolate se le considera tan pecador?. Comenzamos con una bolita de mousse de cacao, al 55%, con nata y gelatina, riquísimo.

Vázquez habla de la alimentación empleada en el Medioevo para aumentar la erección: habas, castañas, asados…., siendo la dieta de los padres conventuales todo lo contrario. Suben las burbujitas del Brut, a base de uvas chardonnais y palomino, primer cava andaluz. Y atacamos las tres siguientes piezas de cacao con avellanas de los toros. Ignacio sigue su explicación y la gente un poco subidilla de tono…

Continúa la disertación del relator Vázquez, enumerando los pecados de la lujuria, según Santo Tomás (siglo XIII), modalidades vigentes hasta el siglo XIX, de menor a mayor gravedad: 1) Fornicación simple (entre soltero y soltera), 2) Adulterio (casado y soltera o viceversa). 3) Incesto, (parentesco). 4) Estupro (desfloración). 5) Rapto de una virgen. 6) Sacrilegio (con personas sagradas) y 7) Molicie, bestialidad y sodomía, y éstos se castigaban con la muerte. Sin embargo, entre mujeres se consideraba intrascendente, absurdo. Quedamos todos advertidos.

Vuelve el violín de Emilio interpretando el tema argentino Volver. (¿No estábamos hablando de la ida?) Explica el maestro chocolatero el troceado con las avellanas a 50º y enfriar, y 31º de temperatura óptima, para chocolate negro, con leche y blanco. El chocolate se disfruta y la bebida también. Lo otro ya llegará….se supone. Suena el tema musical de 1968 je t’aime moi non plus, que alude por vez primera al sexo sin amor, siendo prohibido en Europa. La erótica viene ahora con la naranja confitada con chocolate y el Pedro Jiménez de Sanchez Romate, todo un placer aún sin castigo.

Pero a pesar de las persecuciones, a mediados del siglo XIX florece una cultura erótica incluso en España (1900-1939). Hubo coleccionismo en postales eróticas, picantes o pornográficas. También surgió una literatura erótica (incluso editoriales con nombre obsceno), con buenos autores como Álvaro Retama o Felipe Trigo, con las llamadas novelas para leer con una sola mano….

Surgieron espectáculos, cuplés, revistas en diversas ciudades (como el número de La Pulga, de la Bella Chelito), tendencia que siguió el joven cinematógrafo hasta los años 20 en España. La guerra civil acaba con esta tendencia. Casi terminamos chocolates y copas. Los bebedizos tienen un límite. Los más de 40 asistentes están eufóricos, como Moctezuma.

El violín interpreta “Ojos verdes”: ella, apoyá en el quicio de la mancebía  tuvo un amor químico, real, intenso, que dejó recuerdo en su alma y en la respiración. ¿Hay alguien que no haya tenido una encendida noche de mayo?

Pero quedaba el desenlace, el deber de orgasmo, en el que la mujer activa sexualmente –y hasta la Ilustración- era prostituta  o ninfómana. Pero los felices años 20 trastocan este pensamiento. Goce sexual para todos, viaje de exploración de los sexólogos, orgasmo simultáneo, y las sacudidas se miden y se cronometran. Es la democracia sexual y sus indicadores. Globalización del erotismo, globalización en los alimentos.

Después de esta Cata de sexo y chocolate, no me tienes que dar ná…. enhorabuena por la excelente organización del acto sexual-chocolatero.

Je t’aime, moi non plus

Ojos verdes