Con 94 años vivía sola en un pueblecito de la sierra. Pero aún cocinaba a diario. Era soltera. La cocina y ella siempre se llevaron bien, se encontraban varias veces al día, conversaban, discutían y se hacían compañía. Ambas se necesitaban.

Pero una mañana la cocina se cansó de trabajar y de charlar. Se vio deteriorada, anticuada y decadente, como su dueña, y se vino abajo. Y cuando estaba encendida con la sartén llena de aceite, la cocina permitió que la anciana se distrajera de lo que tenía en el fuego. Y los malos humos llenaron la casa, la señora perdió el conocimiento y sus ojos se cerraron dulcemente para siempre. La cocina no avisó a nadie. Y ese dia no se hizo la comida.

La cocina quedó sola, sucia y desordenada, sabiendo que estaría olvidada mucho tiempo hasta que alguien decidiera sustituirla por otra moderna. Pero aquella mañana había decidido por las dos: ya tocaba descansar.

Para los aficionados a los microrrelatos recomiendo esta página: http://www.cuentosminimos.com/