A las 12 en Puerta de Jerez, con sol fuerte en Sevilla. Nada más salir de casa, nos cruzamos con un ¿rumano? muy joven, empujando una carretilla vacía para recoger chatarra, su medio de vida. Hoy, 1º de mayo, fiesta del trabajo, a él no le afecta, ni tampoco la reforma laboral ni los sindicatos. Me he puesto falda y cazadora vaquera de franquicia. Supongo que así pasaré más desapercibida.

Es complicada cualquier movida en Sevilla, los grupos de turistas taponan las calles del barrio de Santa Cruz. En cada rincón, un guitarrista ameniza las visitas y vende CD’S propios a 10 euros. Logramos romper las barreras humanas y llegamos a la Avenida de la Constitución, llena de entidades bancarias, hamburgueserías y cafeterías con nombres guiris. Bares y restaurantes limpian y colocan sus manteles para afrontar un día de fiesta lleno de visitantes. Los trabajadores de la hostelería tampoco pueden manifestarse a esta hora, y no por falta de ganas ni de razones precarias e ilegales. Son realmente pringaos….

Mucha gente en la avenida, muchas pancartas, muchas banderas, muchas familias y muchos jubilados sesentones. Todos visten colores oscuros. Demasiados para  controlar la cabeza de la manifestación. Esperaremos a nuestros antiguos compañeros para unirnos a ellos. Hoy el trabajo, o el no trabajo, es el tema central de la jornada. Esto no hay quien lo aguante.

Marcha lenta, conversaciones de quejas que llevan mucha razón. La Reforma laboral nos ha dao bien a casi todos. Pero también están los empresarios que amparándose en la crisis decidieron no pagar los salarios a los trabajadores, al tiempo que se declaraban insolventes. Estos empleados han financiado la mala gestión empresarial con la precariedad de sus economías. La reforma laboral tampoco ha impedido estos desmanes, igual que antes. Siempre pagan los mismos. Las leyes pasan de puntillas por la falta de ética.

Hoy el gobierno con sus anuncios quiere que nos peleemos sobre las bajas laborales fraudulentas. ¿Por qué no se controló esto antes? Ni unos ni otros lo hicieron. Igual que las subvenciones ¿por qué no se comprobó su destino? La sombra de los ERE falsos ya ni siquiera nos indigna.

Tiempo de reformas, de recortes infames, de faltas de respeto y de solidaridad. Las pancartas y las banderas ondean al sol y nos embarga una absoluta y triste incertidumbre que anula cualquier ilusión relacionada con el empleo o con los proyectos del futuro. Necesitamos una salida. Sin trabajo no hay nada.

Una hora y media después, se canta la Internacional y se doblan las pancartas. Nos dirigimos a la tasca del barrio, lugar en el que la gente siempre está feliz, allí habla, cuenta, se queja y se desahoga. Cerveza fresca bien tirada y frutos secos. Lugar de encuentro de parados y gente jodida, pero superviviente. Por eso la tasca ha cumplido 76 años. Ropa vaquera al sol ayer, hoy y seguramente mañana. ¿Hay alguien ahí? Solo nosotros, no-trabajadores corrientes, sin contactos en los mercados ni en las grandes compañías, ni en la política. Y luego pensé “¿Cuánto habrá ganado el rumano por vender la sucia chatarra el Dia del Trabajo?, sin reforma laboral, sin sindicatos y sin una cerveza fría?. La dignidad del trabajador hoy es pura chatarra al sol.