Todas las asignaturas llevan al huerto: con matemáticas se midió el terreno; la Tecnología ayudó a instalar riego y vallas; los de Lengua fabricaron carteles para señalizar plantas y en inglés se escribió un cuaderno de campo con los nombres de las herramientas. El resultado es un proyecto integral, un huerto plantado en el patio del Instituto de Secundaria Joaquín Romero Murube, en pleno corazón del barrio de las Tres Mil Viviendas de Sevilla. Un bello propósito alrededor del cual reina la ilusión y la dignidad de una zona deprimida y marginal desde siempre. Cincuenta metros cuadrados que significan mucho.

Junto a pisos deteriorados y entorno deprimido, luce espléndido este centro de enseñanza secundaria, uno de los tres que existen en el barrio, rodeado de una valla de color rojo ocre totalmente impoluta, sin una sola pintada, transmitiendo el mensaje de que el símbolo de la educación se merece estar aparte, a salvo de la ignominia y la incultura. Con un equipo de docentes que lucha a diario por educar a estos chavales del barrio, vecinos en su mayoría de una sociedad pobre y marginal, han plantado un huerto ecológico, en el que han sembrado semillas locales de patatas y habas entre otros.

Un miembro de la asociación El Enjambre sin reina (de la que ya hemos hablado aquí), Israel García, junto a Jorge Herrero como coordinador, han formado a los profesores y alumnos en todo el proceso. Con poco presupuesto, se compró el material para vallar la parcelita, el compost (8.000 kg), las semillas y los accesorios para instalar el riego de goteo. Aquí nadie cobró su trabajo, por eso las cosas han salido tan bien, porque llevan la ilusión de todos, menos de los productos químicos, que aquí tienen prohibida la entrada.

Además, se incluye un ejercicio de reciclaje, como es la reutilización de los neumáticos a modo de alcorques, para el sembrado de patatas, que luego, si se apilan, permiten crecer las matas verticalmente, aprovechando así el espacio. Esta mañana se ha colocado sobre la tierra una capa de paja para evitar la evaporación del agua. Una hora diaria se dedica al huerto, con alumnos, chicos y chicas que van desde los 12 a los 17 años.

Un espacio de convivencia, de respeto, de responsabilidad por el medio ambiente, de trabajo en equipo, y de cultura y aprendizaje sobre la tierra que nos da de comer, son algunos de los valores que busca este proyecto de huerto escolar, que alcanza mayor valor en un barrio estigmatizado desde siempre en Sevilla.

La cosecha de lo sembrado tendrá también su celebración: a primeros de junio está previsto cocinar con los productos obtenidos, en un acto festivo gastronómico con alumnos y padres, de modo que se impliquen en esta actividad medioambiental. Y como homenaje a la madre tierra, dos sacerdotes darán la bendición ecuménica de la cosecha, según ritos católico y evangelista, confesiones que predominan en el alumnado del centro.

Y otra vertiente, la teatral, es también un plato fuerte en el Instituto Romero Murube. Los chavales han montado la obra “La pequeña tienda de los horrores”, que participará en certámenes de teatro juvenil de otras comunidades españolas. El pasado año tuvo lugar en el centro el I Certamen Teatral Andaluz, un encuentro de compañías de teatro juvenil de centros educativos de secundaria.

Solo queda felicitar al grupo de profesores del Instituto Romero Murube de Sevilla por su buen trabajo y por el entusiasmo que transmiten al contarlo. Iniciativas como este huerto ecológico en pleno barrio de las Tres Mil Viviendas alcanzan un significado especial en pro de la cultura, el amor al medioambiente y la posible inserción laboral.

Gracias a alumnos como Rocío, Lorena, Ramón y Miriam. Y gracias a mi cuñada Maria José por hablarme de este proyecto.