Hay que ser muy golfo para meterse a manipular el aceite de oliva, después de la trágica  experiencia del envenenamiento por aceite de colza, ocurrida en España en 1981. Fuese o no el aceite de colza el causante de la intoxicación mortal que toreó a nuestro sistema sanitario, hablar de vender aceite mezclado nos debería producir pavor. El pasado martes, la Guardia Civil, en colaboración con la Agencia Tributaria, desarticuló en Jaén y Córdoba una red de sociedades comercializadoras de aceite de baja calidad como si fuera aceite de oliva, estimándose que el fraude alcanza los tres millones de euros en concepto de IVA. Es decir, el caso se ha descubierto por las fuerzas de seguridad y por la autoridad fiscal, no por la sanitaria, porque al parecer el aceite vendido no tiene peligro para la salud humana. Tampoco tiene beneficios, claro.

La operación –denominada Lucerna- ha llevado a detener a 19 personas. Eran 30 las empresas procedentes de España, Italia y Portugal dedicadas a comercializar mezclas fraudulentas de aceites de muy baja calidad, revendiéndolas como si fuesen aceite de oliva.Las mezclas contenían aceite de palma, aguacate o girasol. El producto final -repetimos- no era tóxico o perjudicial para la salud.

Está claro que urge una información al consumidor, que –buscando ahorrar en la cesta de la compra- muerde el anzuelo de los precios bajos del aceite en los centros comerciales, y no se plantea el por qué de la oferta para un aceite etiquetado como aceite de oliva. Es penoso que se utilice uno de nuestros mejores productos de dieta mediterránea, con todos los beneficios para la salud, y en un país que es su primer productor mundial, como cutre reclamo comercial y encima a base de manipulaciones fraudulentas. Habrá que cuidar la marca de aceite que compramos, porque algunas habrán envasado aceites como el que ha sido objeto de la operación Lucerna.

No es la primera vez que ocurre el fraude en el sector del aceite. De ahí que las organizaciones agrarias pidan más controles en el etiquetado para evitar el engaño a los consumidores, y que las asociaciones de consumidores exijan acciones contundentes contra los infractores. La autoridad debería informar a las amas/os de casa y a los distribuidores también. Pero parece que es preferible la ignorancia alimentaria.

Está claro que los aceites que salen al mercado a precios sospechosamente competitivos bajo la etiqueta de aceite de oliva, ponen en duda la veracidad de su contenido, ya que el precio ni siquiera cubre el coste de producción. (Un precio inferior a 3 euros/litro de a.o.v.e. es sospechoso). Y además, temas como éste genera descontento en el sector agrícola, concretamente para los productores que hacen bien y legalmente su trabajo, y que tienen que competir con productos manipulados de los que prostituyen nuestros mejores alimentos.

Fuente: EL PAIS, Andalucía

Más información en Efeagro.