Llevo cuatro años escribiendo aquí sobre el factor salud en la cocina. Por eso aconsejo con pasión que la comida se haga siempre en casa, no importa si con cacharros clásicos o con los modernos inventos, pero en la propia cocina, con las propias manos. Influyo para no consumir productos ya elaborados o precocinados,  para guisar con verduras frescas, comprando el pescado de origen conocido, y la carne de cierta garantía. Y no paro de recomendar la bondad de las legumbres y la necesidad de ordenar los horarios de la mesa. Ésa es la principal filosofía de Comeencasa. Pero ahora ha llegado a las empresa y por ende a los hogares una crisis económica que lo oscurece todo, que pospone lo nutritivamente correcto al cuestionar el gasto en alimentación, convirtiéndose además en la excusa perfecta para anteponer el precio a la calidad.

Más de un millón y medio de familias tienen a todos sus miembros parados, es decir, no tienen ingresos. Es una cifra para volverse locos. Ignoro cómo harán estas personas para comer todos los días, si acuden a un comedor social, a Cáritas, a sus parientes o amigos o a cualquier otra entidad solidaria. Y yo, mientras tanto, hablando de que hay que cocinar con aceite de oliva virgen extra, despreciando otros aceites perjudicados, más baratos y que obviamente no beneficiarán nuestra salud. Y, a todo esto, alabando las bondades del pescado fresco y de la carne de ibérico que suelen estar por las nubes, y del arroz bomba que vale el doble que el otro arroz. Tal vez esté viviendo en un irreal mundo alimenticio, lleno de ideales románticos, al que mucha gente no puede pertenecer, porque apenas llega a final de mes.

Como dijo Carlo Petrini, fundador del movimiento Slow Food, la comida cada vez tiene menos valor, solo tiene precio, y éste es el único factor que la hace importante. Y  por eso el dinero -dentro de un ridículo presupuesto familiar- va a ser el que rija la calidad que consuma la mayoría de las personas de este país. No hablemos de otros lugares, cuyos habitantes ni cuentan con un presupuesto ni tienen parientes ni comedores sociales para darles de comer a diario como en España.

Se come por necesidad y también para disfrutar. Pero se come sobre todo para estar sanos, para encontrarnos bien, y para crecer y envejecer en las mejores condiciones físicas y psíquicas. Pero ahora, con esta crisis cochina, me sabe mal dar consejos para que se coma bien -no siempre lo más caro- , pero tampoco puedo resignarme a obedecer la ley del más barato si es de peor calidad y menor garantía, porque algún dia la salud pasará factura. Podrán o no seguir mis consejos (y los de muchos expertos de verdad), pero incluso si no lo hacen, tendrán información para alimentarse mejor para cuando pase la crisis, que pasará.

Malos tiempos para comer bien.