Oui, soy algo sosita, lo siento. Pero soy más conocida de lo que ustedes creen. Trabajo para las cenas ligeritas, recuperadoras de excesos, suaves, para seguidores de dietas o para tímidos convalecientes. También soy la primera experiencia, el primer contacto del niño pequeño con el huevo. Por eso se me debe un respeto. Dependo mucho o muchísimo de la calidad del aceite y del huevo, más que la tortilla de patatas, cuyos ingredientes se reparten las posibles responsabilidades. Pero de ahí no paso, siempre actúo fuera de concurso, de exhibición, de degustación y menos de tortillología. ¡Oh la la!

Pero a veces me siento como minoría étnica, silenciosa, sin representación parlamentaria. Tengo poco volumen, no hay dónde agarrarse, se tarda poco en comerme, sin tiempo para una cata intensa y voluptuosa. No estoy de moda. Soy la hermana menor, el pariente pobre y bohemio, la desheredada. No tengo margen para renovarme o crecer, porque entonces perdería mi nacionalidad y nadie ocuparía mi puesto.

Hoy, por cortesía de Comeencasa, hago acto de presencia en una de estas noticias sobre la licenciatura de tortillología que están cursando en Cádiz, ciudad de glorioso recuerdo. Y claro, siento envidia por no haber podido trabajar en esta ruta gastronómica como plato estrella, protagonista de alguno de estos quince bares-aulas de formación que figuran en las cartillas. Pero me debo a las labores propias de mi huevo. No trabajo para la calle.

Como versión chic de la tortillología y por llamarme francesa, deberían invitarme a los actos del Bicentenario de la Constitución de Cádiz en 2012, y concederme alguna distinción institucional, un Toisón de Oro o incluso la Orden de la Legión de Honor, ahora que os lleváis tan bien con los gabachos. Mi apellido sigue vigente doscientos años después.

Aprovecho para enviar desde aquí un saludo al gentil Monsieur Monforte, coordinador de esta carrera universitaria singular, para felicitarle por lo que ha hecho por mis compañeras de patatas. Por lo que a mí respecta, me siento orgullosa de ser deseada a pesar de llevar un solo huevo. Au revoir.

Como diría Napoleón: “Allons enfants de la Tortillologie, le jour de gloire est arrivé!”…..

Vídeo de J.Ramón González Higuero haciendo una tortilla francesa.