Fue un descubrimiento. Me habló de él mi amiga Pilar. Una obra que se ocupe de cómo deben alimentarse las personas mayores es de lo más útil. Pero no solo porque hable de recetas, sino porque contiene pautas a emplear en las mismas, condimentos y raciones. Me refiero al libro Cocina sencilla y saludable para mayores, que publicaron en el año 2006, Julio de la Torre Fernández-Trujillo (enfermero) y José Manuel Pérez Moreno, médico de profesión. El prólogo corre a cargo de Eugenio Barea y Rafael Paúl. Todos ellos son miembros del Grupo Gastronómico Gaditano, la primera gran referencia asociativa en gastronomía que nace en nuestra provincia.

La obra es un imprescindible tratado de cabecera para cualquier persona que vaya a trabajar de cuidador –y por tanto de cocinero- de una persona mayor. Pero también sirve y mucho para todo aquel que peine canas con o sin tinte, sea autosuficiente y desee cuidarse a través de la alimentación, para seguir conservándose sano, ágil y activo. Al fin y al cabo, cada uno es responsable de su envejecimiento. Y tengo la sensación de que la gran mayoría de nuestros mayores cambia a peor sus hábitos alimenticios, bien por falta de interés, de salud, de habilidad, de organización, de información, incluso por falta de recursos económicos, y esto es muy serio.

Desde el modo de hacer la compra, de elegir los productos de temporada, la importancia de cada ingrediente, el mejor modo de cocinarlos, la forma de combinarlos en el menú, etc., todo ello se recoge en este pequeño librito que hace las delicias de cualquier aficionado a la cocina sana, tenga la edad que tenga, porque es un buen libro de consulta y porque está lleno del llamado sentido común, que es otro gran factor de la cocina, y del que apenas se habla últimamente.

Cocina sencilla y saludable para mayores recoge y comparte pequeños pero valiosos conocimientos de estos componentes del Grupo Gastronómico Gaditano, doblemente sabios en gastronomía y en medicina. El libro es también un tratado de cocina sana para los más pequeños de la casa. Yo he encontrado en él datos muy útiles en mis modestas labores de comunicación culinaria.

Es cierto que hay una cocina para cada edad, cada actividad y cada clima. Pero el mayor enemigo de la cocina es la propia rutina y es la que hay combatir en la alimentación de los mayores.