Hola a todos. Me llamo Pan o Turrón de Cádiz y, aunque estoy disponible todo el año, es ahora, en las fiestas navideñas cuando más triunfa mi imagen. Precisamente el pasado miércoles 14, protagonicé una de las Tertulias Gastronómicas en el Ateneo de Cádiz.  María Luisa Ucero, -cual Frasquita Larrea-  con gran sensibilidad por lo gaditano, que si gastronómico, dos veces bueno, invitó a Octavio Sánchez Blanco, en representación de la firma gaditana Horno La Gloria, para hablar de mis excelencias. Y no puedo olvidar agradecer la investigación del gastrónomo Manuel Ruiz Torres, que publica un recorrido por mi evolución, confirmando la importancia de la repostería en la cultura gastronómica de una ciudad. ¡Ahhhhh!, me siento estrella de los dulces navideños gaditanos, ídolo de masas (nunca mejor dicho). Tengo pasado y presente, buena facha, un precio digno para mi calidad y un sabor que seduce a cualquiera.

Ruiz Torres define y establece mis brillantes orígenes en el pasado siglo XX, con el pastelero Antonio Valls Garrido, regente de la Pastelería Viena, en la calle San Miguel. Valls creó un mazapán con forma de cofre, relleno de tesoros en su interior, todos muy bien puestecitos, (el orden hermosea la vida). Contenía frutas escarchadas, dulce de yema, cabello de ángel y crema de batatas. Hoy dia llevo menos cosas junto al horneado. No me negarán la genialidad de la idea del cofre, del estuche, con sorpresas. ¡Qué estilosos somos los gaditanos!

Está claro que viví el asedio francés en Cádiz, y que yo existía como “Bollitos de mazapán y frutas”, según un manuscrito rondeño de 1811. Incluso los actuales profesores de la “Escuela Fernando Quiñones”, Mercedes López y Carlos Goicoechea, han investigado y probado mi fórmula. Llevo miel, agua, canela, clavos, matalahúva, ajonjolí, pimienta, almendras, avellanas, nueces, harina, fruta escarchada picada, azúcar y canela. Tengo gran complejidad, no soy un dulce cualquiera. Aunque el tiempo me ha dado más exquisitez, más elaboración. Y mi clientela es siempre gente ilustrada, claro.

Y Antonio Valls, fue quien me dio una cobertura adecuada al misterio de mi relleno. Dice Ruiz Torres que cual cofre con objetos de valor, yo recuperé mi naturaleza de hechizo. Eso quiero ser yo, un dulce con secreto, con enigma. Pero sobre todo estoy orgulloso de ser gaditano, de haber nacido, ser elaborado y perfeccionado en esta maravillosa ciudad que tiene tantos símbolos. Y de que se ocupen de mí personas tan cultas como Ucero y Ruiz Torres. Yo quiero y debo ocupar el lugar que merezco en pastelerías, mesas y en la memoria colectiva de la ciudad. Un té con Pan de Cádiz es una buena idea para celebrar el Bicentenario. Soy muy dulce pero mis calorías son políticamente correctas. Y olviden otros productos sin personalidad.