El quedar una tarde para hacer pestiños es una de las actividades más aconsejables para el estrés, la depresión y la moderna indignación. Son cuatro horas como mínimo lo que se lleva esta labor, que acaba dejando la cocina hecha un asco, pero que culmina con varias fuentes llenas de este mini dulce navideño que dan ganas que comerse de tres en tres, y con un par de botellitas de vino dulce a la mitad. Esta es una de las grandes ventajas de la navidad, poder hacer pestiños.

Esta receta me la pasó mi amiga Ana, que junto con Louise y mi hermana Dori, se pusieron manos a la obra hace unos días, y prepararon varias docenas de pestiños. Yo solo participé en la degustación. La receta es algo distinta a la tradicional.

Ingredientes: 1,5 kg de harina Gallo de repostería. (la marca es la marca), 2 sobres de levadura Royal, ½ litro de aceite de oliva virgen extra (lo más suave), ½ litro de vino fino Tío Pepe, 50 g. de almendras crudas, 50 g. de cacahuetes, 50 g. de ajonjoli, algo de matalauva, cáscara de limón y la ralladura de 3 naranjas. También se necesita un bol grande y profundo y una copa de 50 mm maximo para cortar la masa.

Elaboración: triturar los frutos secos lo máximo, a ser posible con la ayuda de un robot, junto con el ajonjoli. Preparar la ralladura de naranja. En un bol muy grande y hondo, poner la harina, la levadura, la ralladura de naranjas y los frutos secos y mezclar todo en seco.

Freir en el aceite la cáscara de limón y sacar. Dejar enfriar el aceite, añadir la matalauva y colar. En un bol, hacer un agujero para el aceite colado, el medio litro de vino y mezclar, trabajando fuerte con las manos. Al final, utilizar los puños para amasar. (En este momento, dejar la masa en reposo y tomarse un café y un licor). Y más que nada por descansar.

Pellizcar a bolitas la masa, y extender con el rodillo lo más fino posible.

Con la copa, cortar la masa extendida sobre la mesa, hacer pestiños y freir bocabajo, pues así se abren menos.

Cuando terminemos de freir los pestiños, en sartén se pone la miel rebajada con agua, a gusto, y mezclar en caliente. Cuando hierva, se introducen los pestiños dándoles vuelta y vuelta y un pequeño “revolcón” a lo frito.

La miel que sobra se derrama sobre los pestiños ya fritos para aprovecharla.

Es una receta un poco larga, pero una tarde de pestiños es así, intensa, sin prisas y reponedora de estados de ánimo.