Las Crónicas de Cádiz, escritas por la historiadora Hilda Martín, y publicadas semanalmente en Diario de Cádiz, incluyen en su capítulo 84, un destacado sobre el gusto por la porcelana, en los inicios del siglo XIX. Fue China quien comienza esta afición en el siglo II d.C, haciéndola famosa Marco Polo en Occidente. La porcelana creó un espacio singular para celebrar fiestas, comidas y banquetes. La descripción de Hilda Martín nos ilustra sobre el refinamiento de aquellas mesas.

Ya en el siglo XIX se extiende el concepto de servicio de mesa, no solo a la vajilla, sino también al servicio de cristalería y orfebrería. Se multiplicaron los objetos destinados al servicio de mesa, así como los utensilios de cocina, gracias a los nuevos hábitos alimenticios. Se ofrecían copas para agua, vino blanco, tinto y champagne. Pero también para el clarete, el jerez, el oporto, o el coñac, jugo de naranja, cerveza, sorbetes y helados. Había también botellones y jarras para cada tipo de bebida. Aparecieron otros accesorios como platos, aceiteras, vinagreras, saleros, azucareras, compoteras, etc. Este lujoso servicio permanece hasta 1820, en que se introduce el vidrio prensado, descubierto por Estados Unidos y mucho más barato.

Para servir, aparecieron los bajoplatos, servilleteros, jarras, portabotellas, diversos tipos de cuchillos trinchantes, tijeras, tenazas, cucharas para servir salsa, cubiertos para mariscos y pescados. Los cubiertos se colocaban en la mesa según su orden de uso.

También aumentó la importancia de la vajilla, sobre todo de porcelana. El aparecer nuevas recetas de cocina con ingredientes exóticos, dio lugar a una serie de platos diferentes. La vajilla variaba según si era el desayuno, la comida o si el plato era líquido o sólido. Influía el acompañamiento de quesos o huevos. Aparecieron fuentes, guiseras, soperas y salseras para la mesa. El servicio de desayuno era muy completo (tazas, platos, teteras y cafeteras).

Las familias burguesas y adineradas mostraban y exhibían las piezas en vitrinas para ser contempladas. Un servicio de mesa completo podría alcanzar un gran número de ellas. Por ejemplo, Napoleón III regaló al emperador de México una vajilla de 4.938 piezas.

LLamábase Surtout al conjunto de piezas destinadas al centro de la mesa con una doble función: cumplir un determinado servicio y la ornamentación, con flores, canastos para frutas, candelabros, esculturas, etc., todas colocadas sobre la mesa y como auténticas obras de arte.

En su capítulo semanal de Las Crónicas de Cádiz, la profesora Martín incluye además del relato novelado de Diego de Ustáriz, personaje ficticio del Cádiz del Doce, una serie de reportajes sobre costumbres y objetos de la vida cotidiana del siglo XIX.

Fuente: Las Crónicas de Cádiz. Hilda Martín García.www.lapepahoy.es

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