Estamos en plena tourné por esos mundos de la provincia de Cádiz, tras el preciado título universitario en Tortillología. En el bolso, nuestras queridas cartillas para recoger los sellos de las aulas de formación. Aún nos quedan algunos establecimientos lejanos. Y resulta que nuestros amigos del blog Tubal ya han finalizado sus estudios teórico-prácticos: han visitado los quince bares preceptivos y han elaborado varias tortillas en su propia cocina, según pruebas fotográficas fehacientes. No obstante, no queremos desanimarnos, y aprovechando el luminoso dia, nos encampamos en Jerez, localidad motero-enológica-flamenca y rival virtual de Cádiz, para recalar en el bar Maypa, (de Manolo y Paco Alzota), ubicado en el castizo barrio de San Miguel, en la calle Cruz Vieja.

Fue fácil aparcar para nuestro coche-caravana, pues enseguida apareció la plaza del Arenal. Y tuve la sensación de que viajábamos a la tortillología profunda, la de los bares con peso en la historia. El Maypa es un establecimiento pequeño, con una sola mesita, pues la barra es la protagonista. En las paredes se exhiben fotografías de varias cofradías jerezanas. Y aunque tiene fama en toda la ciudad, el Maypa acoge una clientela fija y habitual del barrio.

Pero vayamos a lo fundamental: su tortilla, bueno, realmente un tortillón, recién hecho al mediodia, que lleva lo imprescindible: huevos, papas, aceite y sal. Suelen ponerle fría con mayonesa, pero pedimos tomarla sin ella, al estilo de siempre. El caso es que esta tortilla, está muy bien elaborada, tiene un notable grosor y luce en el plato en forma de cuña, con unos picos riquísimos.

Pero no quisiera olvidar el resto de las tapas del bar Maypa, hechas con buenas conservas de pescado y mariscos, chacinas y quesos. Y lo que más me llamó la atención fue la excelente presentación de cualquiera de ellas. Da gusto verlas cuando las sirven sobre la barra, en pequeños platitos pero muy bien dispuestas. Y el servicio es de lo más profesional.

Es realmente duro cumplir la hoja de ruta de la tortillología: hay que salir con tiempo de casa para llegar antes de que se acabe la tortilla, cosa muy normal en los fines de semana. De este modo, cada tortilla es un pequeño obstáculo a superar pero también un nuevo sabor a incorporar al disco duro de nuestra memoria ram tapatológica. Tengo que ir buscando sitio en la pared para colgar el título. ¡Y lo que voy a presumir!