Pensaba que mis antepasados italianos, llegados a Cádiz en el siglo XVIII eran genoveses. Pero sus papeles dicen que procedían de Trieste, comarca perteneciente al imperio austrohúngaro, con un importante puerto en el alto Adriático, y que en 1918 se anexiona al Reino de Italia. El caso es que independientemente de sus orígenes, mis parientes llegaron a Cádiz al olor del desarrollo de su comercio, y a eso se dedicaron mientras vivieron en esta ciudad, en la que echaron sus raíces. Por eso estoy yo aquí, hoy sábado 29 de noviembre de 2011, en el restaurante Sopranis, disfrutando un maridaje muy original: la cocina típica de la región de Génova y los nuevos vinos de Sanlúcar.

La entrada en Sopranis fue con Cream de Bodegas Argüeso, una buena bienvenida. El acompañamiento, con unos riquísimos quesos italianos: Parmesano y Pecorino, ambos del norte de Italia, que suelen tomarse en el mismo plato. El primero, de vaca duro, amarillo claro, intenso, picante y gustoso. El segundo, ideal para pasta, salsas y carnes y para rallar.

Pero no podía uno confiarse, pues con el aperitivo te entregaban un mapa político de Italia, para aprenderte los nombres y recitarlos a la salida. Y es que, a la vista de las localizaciones, se explica el estilo propio de cada cocina. Génova, en la región de Liguria, pegada a Francia, estuvo mucho tiempo aislada, lo que originó una cocina pobre, con pocos elementos, aunque más tarde se fue enriqueciendo. Emplea mucho las hierbas aromáticas (tomillo, orégano, mejorana o albahaca).

Primer plato:el polpettone, una especie de pastel con calabacines y quesos, cebolla, hierbas aromáticas y huevo. Va al horno, y está muy jugoso. El vino elegido, el blanco Viña del Carmen de Bodegas Argueso, ligero y suave. El pan típico genovés, llamado focaccia acompañó los platos, recordando a la pizza.

Segundo plato: trenettes, que yo llamé tallarines. Estaban salteados con patatas y judías verdes cocidas, junto a una salsa pesto. Llevaba aceite de oliva virgen extra (se notó), ajos, piñones y una mezcla de quesos. Este plato me encantó, y eso que la pasta no es lo mío. Y apareció el segundo vino, tinto Gibalbín, que nos sentó estupendamente.

El tercer plato genovés, tonno (atún) a la genovesa.  Me sorprendió su salsa, muy espesa y sabrosa. Me gustaría hacer esta receta en casa, que además incorpora anchoas, vino y especias. Y quedaba el postre: el tiramisú, con tarta de bizcocho, queso y café. Riquísimo.

En esta nueva actividad del restaurante Sopranis tras el paréntesis del verano, hemos salido muy satisfechos por lo aprendido y disfrutado. Todo ello gracias a Juan José Sánchez Marabot y a la experta cocinera italiana Marta Bricco, un buen equipo que ha presentado en sociedad un buen resumen de la cocina genovesa. Y por supuesto, la buena disposición de Adela, Ramón y Agustín. En Sopranis estamos como en casa.

Si mis antepasados levantaran la cabeza…Esto ha sido un nuevo «Risorgimento».