En 1876 el Ayuntamiento de Cádiz realizó una eficaz acción de promoción del mercado de abastos de la ciudad. Adornó los puestos, la plaza y su entorno, incluyendo una orquesta para celebrar un baile en la cercana plaza Guerra Jiménez. La Iniciativa, -realizada el 31 de octubre, víspera de Todos los Santos según la tradición católica- tuvo gran éxito y el público acudió al mercado, vendiéndose toda la mercancía. Cien años después, nace Asodemer (Asociación de comerciantes detallistas de los mercados de abastos de Cádiz), y junto al Ayuntamiento se crea un concurso para premiar la originalidad y calidad en los decorados de los diferentes puestos, tal como ha llegado hasta hoy, conociéndose como la fiesta de Tosantos, la fiesta de los mercados de Cádiz, única en España.

Tosantos en Cádiz coincide con la llegada al mercado de la mejor fruta de invierno (peras, manzanas, naranjas de zumo, mandarinas…), los frutos secos (castañas, nueces, almendras…) y dulces tradicionales como son los huesos de santos. Pero también trae el inevitable cambio de ropa de armario, debido a la bajada de las temperaturas. El exorno de los puestos es un homenaje a la mercancía ofrecida en el mercado, a través de su historia en ciudades como Cádiz, con fama de alegría y expresividad.

El concurso de Tosantos pone de manifiesto el arte, imaginación y habilidad en el montaje de pequeños decorados, escenas y  recreación de detalles, la mayoría de ellas con personajes de actualidad del país o de animación infantiles; pero también sirve para hacer crítica política o social con el sentido del humor que caracteriza a los gaditanos. En su esencia, la fiesta de Tosantos de Cádiz ambientada en los dos mercados municipales de abastos de la ciudad, es algo único, digno de contemplarse y de disfrutarse por residentes y forasteros, y desde luego por toda la familia.

Y aprovecho este blog para recordar la fiesta de Tosantos de los años sesenta,   cuando mi familia vivía en Puerta de Tierra (Extramuros), concretamente en el desaparecido mercado de San Severiano, pequeño y pobre en decoración, construido en 1953, en un barrio renacido tras la explosión de 1947. Todavía me acuerdo cómo de pequeña, -aunque yo era la mayor- acompañaba a mi padre a visitar este mercado la tarde-noche víspera del 1 de noviembre. Allí colgaban banderitas y salía música de los altavoces con canciones de Carmen Sevilla. Y en una pequeña barra dispuesta al efecto, se invitaba a los visitantes a una copa de manzanilla y frutos secos. En tanto, en la cocina de nuestra casa, lucía como nunca el frutero de tres pisos lleno de la mejor fruta de temporada.

Tosantos de hoy y de ayer, algo gaditano que no debería desaparecer, mientras que haya comerciantes habilidosos que quieran trabajar duro por la fiesta, unos mercados llenos de vida y unos niños a los que transmitir la importancia de los alimentos que allí se venden.