De todo menos de superficial se podría calificar a nuestro personaje, porque es único, irrepetible, universal, aconfesional, pero también cercano, familiar, saludable y espléndido. Lleva muchos años con el hombre, atiende como nadie sabe atender sus deseos, porque él incluye de todo, está abierto a sólidos y líquidos, carnes y pescados, hortalizas y verduras. Es el plato hondo, el más jondo de la gastronomía, toca todos los palos del cuchareo y es el que más une y comunica.

¿Es cierto que ésta es su primera entrevista?

¡Ay! El hombre es muy desagradecido, tiene mala memoria con quien le consuela, le da más generosamente de comer, le deja mojar pan y ofrece la mejor temperatura a su comida, además para todas las edades. Pero bueno, éste es mi oficio y mi vocación. Y así será para siempre. Soy el mayor defensor del potaje de legumbres, y eso para algunos tiene poco glamour.

¿Qué tal lleva sus nuevos looks?

Pues los de ahora me gustan más que los de hace treinta años. Aunque los más estilosos eran los de porcelana, la loza de categoría de otras épocas, en las que se reverenciaba el plato. Yo entonces reposaba en unos muebles plateros maravillosos en un lugar preferente de los salones, mientras escuchaba las conversaciones de las visitas. Hoy mis precios han bajado, pero me gustan los nuevos modelos minimalistas. A ver si por ahí conseguimos que la gente coma mejor.

¿Cómo se lleva con el resto de platos?

Tengo muy buenas relaciones con el resto del equipo. Somos doce platos de cada categoría –hondo, llano y postre- que lucimos muy bien en la mesa. Nadie empieza en ella sin nosotros, está claro. Una vez que terminamos el trabajo, ya en el lavavajillas empezamos el cotilleo, comentando sobre el sabor de la comida preparada. Por cierto, Charo antes era una cocinera de medio pelo, y desde que tiene el blog promete…

En el pasado ustedes han sido armas arrojadizas en broncas matrimoniales…

Es cierto. Imagínese, que en cuanto veíamos a la mujer de la casa ponerse un poco farruca nos entraban retorcijones. De ahí a hacernos añicos era un segundo. Malos tiempos para los platos de entonces. Hoy ya ni se discute, porque con la tele puesta nadie habla en la mesa. No sé que es peor. Y de la mesa, comiendo mal, al divorcio. Por eso hoy duramos tantos años.

¿Qué espera de la nueva gastronomía?

Solo confío en no desaparecer. Siempre debo estar como entrante para sopas, potajes y guisotes clásicos, junto a la cuchara, mi fiel amiga y aliada. ¡qué sería de mí sin ella!. Tengo muy claro que soy el más popular de los platos, con formato cuadrado o redondo. Pero mi mayor cualidad es la profundidad de mi ser, y por eso hay que conocerme a fondo.

Pero no todo será de color rosa…

Hombre, me alegro de que me haga esa pregunta. Lo peor que llevo es que me tengan tanto tiempo sucio, lleno de sobras, resecándome. Por favor, laven sus platos o introdúzcannos en el lavavajillas, pero cuídennos. Piensen en nuestra dignidad platera, en nuestra belleza interior y exterior, en nuestros dibujos. Somos platos muy presumidos, y queremos estar siempre presentables.

¿Cuál es su comida favorita?

Creo que las lentejas. Me encantan. Son legumbres suaves, equilibradas, serenas, nutritivas, adaptadas a todos los tiempos. Trabajo mucho con ellas en esta casa, todas las semanas tenemos un encuentro. Las lentejas son un lenguaje universal y mi mayor apuesta. Incluso se han utilizado en tertulias literarias. Mi lema es lentejas para todos. La humildad de las lentejas nos hace grandes.

Por cierto: ¿Qué tiene vd. hoy para comer de primero?