“El 4 de febrero de 1810, el Duque de Alburquerque entra en San Fernando con su ejército. Días después comenzará el bloqueo más prolongado de esta guerra, dos años y medio…”. El texto histórico rezaba en la contraportada de la carta de tapas y raciones del Bar La Gallega, situado en la isleña Plaza de las Vacas (San Fernando, Cádiz), frente al castillo de San Romualdo, del siglo XIV. Y con tanta lectura se me olvidaba el objeto de nuestra visita, probar una nueva tortilla, incluida en el tema 15 de la licenciatura y aun por estudiar. Pero pan y cultura maridan perfectamente, y tal vez me sirvan para subir nota. El caso es que desde los años 80 lleva Elvira Loureiro elaborando una mega tortilla en su establecimiento, uno de sus platos estrella. Es de todos conocida la calidad de la cocina de La Gallega.

En un local de cómoda distribución, con larga barra central que luego se amplía sobre las paredes, y no más de cuatro mesitas para comer en el interior, La Gallega es toda una institución en San Fernando, ciudad que en poco tiempo ha aumentado su fama de excelente oferta gastronómica, sobre todo en el capítulo de tapas. Poco a poco me voy haciendo mi propia clasificación de pueblos en tapeos dentro de la provincia gaditana. Pero además San Fernando tiene una luz especial y un olor característico. No olvidemos, que hace 200 años se independizó de Cádiz-Cádiz, con lo difícil que resulta hoy para nuestros hijos el irse a vivir solos.

Pero vayamos a la tortilla: con un grosor más que mediano, bien resuelta por dentro en lo que a papas y huevo se refiere, esta jugosa tortilla está servida con eficacia y rapidez, por lo que la tortilla de La Gallega es merecedora de respeto. Ligeramente tostadita por arriba, tiene un perfil de lo más apetecible y su sabor es gratificante sobre todo maridado con la cerveza fresquita. El plato se le queda pequeño a esta tortilla. Por ella hicimos algunos kilómetros y no nos defraudó.

Y destacar que, desde el primer momento nos sentimos parte del público habitual del bar, de los de siempre. Pedimos una zamburiña, aliñada de modo suave y rico, una joya. Y que conste que nos fuimos pronto porque nos esperaba otra lección tortillológica ya planificada de antemano en nuestra agenda académica. Pero en La Gallega hay que repetir visita.

En resumen, un lugar amable La Gallega, sobre todo para el mediodía. Sus camareros no paran y no dejan de sonreir. Mi madre siempre decía que San Fernando era un pueblo cursi, que la marina le aportó cierto estilo elegante. Hoy la historia constitucional de La Isla se nos resume en el olor y el sabor de una tortilla bien hecha con el trabajo y el tesón de una gallega.