¿Quien dijo que estudiar una carrera estuviera chupao? Porque la licenciatura de  tortillología también tiene lo suyo. Por ejemplo, hay que hacer “muchos codos” en más de una barra, rodeados de mucha gente, con ruido ambiental, conversaciones cruzadas, etc., que pueden distorsionar gravemente la percepción del gusto de nuestra tapa más universal. Y la degustación de tortilla no es un mero trámite, es una tarea consciente, propia de la madurez del ser humano evolucionado, libre y democrático. ¡Pedazo de discurso gastronómico-político!

Pero vamos a la tortilla: me he visto obligada a repetir el curso del aula número 9, del Bar Nebraska de Cádiz, sí, el de toda la vida, situado en la calle Brasil, cerca de la Residencia, haciendo esquina. Ha sido a iniciativa propia, ya que en nuestra primera visita, por la noche, con prisas, ruido y estrés, no me quedé con la copla, digo, con el gusto de la tortilla. Y he preferido recuperar para mi expediente académico las circunstancias de esta histórica tortilla, antes de que los de Cosas de Comé me cojan en un control tortillológico imprevisto tipo Bolonia.

La tortilla del Nebraska tiene una larga historia. El bar ha sido todo un referente en tapas y caracoles. A través de la ventana de cristales correderos se comunica uno con la calle y con el viento de suroeste, por donde puede llevarse la cuenta de los que vienen y van a la playa-ciudad, por lo que es un bar y una tortilla de mediodía, ahí está su encanto. El Nebraska es toda una institución en Cádiz, por eso lo frecuentan muchas personas mayores. Pero es que la cerveza, la tortilla y el ambiente no tienen edad.

Una tortilla de alto grosor, de buena presentación y contenido, solo con papas, huevos y sal; también una rellena de pimientos verdes, cebollita, incluso carne, ofrecen al tortillando un apresurado placer frente al mar, un claro objeto de urgente deseo. Siempre nos supieron a gloria las tortillas en la playa. Pues aquí viene a ser lo mismo. Un equipo de camareros resueltos, eficaces y amables hacen que el bar siga siendo un lugar deseable a pesar de los años transcurridos. Y la tortilla ocupa un lugar preferente entre el resto de las tapas, pues se viene a la vista nada más entrar. El Nebraska es un bar de tortillas rápidas y riquísimas.

En conclusión, que con la cartilla sellada donde el Nebraska retorné voluntariamente para una nueva degustación, esta vez en una pequeña barrita habilitada junto a la ventana, lo que le daba un cierto aire callejero y entrañable a esta nueva lección tortillológica. Una tortilla de papas es demasiado importante como para dejarla al azar de nuestras primeras impresiones. Y un consejo que me acabo de inventar “el tortillando tiene que adaptarse al tipo de aula si quiere aprobar esta licenciatura”. Aquí no vale la enseñanza por libre.