Salvando las distancias, a este señor le ha pasado lo mismo que a mí: que comencé el blog poniendo algunas recetillas de cocina que me salían ricas y ahora resulta que estoy enganchada a todo lo que se mueve en gastronomía. Pues Carlos Petrini (1949, Bra, Italia), tuvo el propósito inicial de defender una buena alimentación, los placeres de la mesa y un ritmo de vida “slow”, más lento. Pero se fue interesando por la calidad de vida en general y por la supervivencia del amenazado planeta Tierra. En eso funda Slow Food, una “nueva gastronomía entendida como algo unido a la identidad y la cultura, la libertad de elección, la educación, y todo aquello que mejore la vida, empleando con respeto los recursos disponibles”. Es decir, fue de lo local a lo global. En la actualidad la organización Slow Food tiene 85.000 socios en 132 países. Yo también soy socia.

En una entrevista hecha en España por ABC el pasado mes, Petrini dejó claras sus teorías de abanderado contra la injusticia para agricultores y alimentos. Se quejó del poco apoyo que reciben los productores de agricultura ecológica. Hizo hincapié en la necesidad de sensibilización por el medio ambiente, pero también en la idea de que los consumidores no seamos pasivos, sino que nos asociemos, seleccionando los productos que deseamos.

Al preguntarle por las claves de la crisis agrícola europea, Petrini responde con tres factores: la producción masiva para la industria alimentaria, la economía de gran escala y la gran distribución, que finalmente decide el precio junto a importantes campañas de marketing. Al final, se pierde la pequeña agricultura, la local.

El presidente de Slow Food defiende en su entrevista el respeto por la tierra, no al despilfarro, y la educación alimentaria, devolviendo el valor de la comida, que ahora solo tiene precio. Declara que no se respetan los alimentos. “Se endiosa a los Chefs mientras se compra comida muy barata….”.  Para él, si la cocina solo es receta, puede convertirse en pornografía alimentaria.

En cuanto a la escasez de alimentos en el mundo, Petrini opina que se debe a un sistema erróneo y que debe corregirse, pues se produce alimentos para 12.000 millones de personas, y somos 6.700 en nuestro planeta, de los que 1.000 sufren malnutrición. Y es que según Pretini, el 40% de los alimentos va a la basura. Está convencido de que la agricultura ecológica podría dar de comer a todos.

En el año 1970 en España nos gastábamos entre el 30% y el 40% del salario en alimentación; ahora solo el 13-14%, lo que va en contra de la calidad y la salud. Por eso –argumenta Carlos Petrini-, el coste del transporte podría reducirse, volviendo a una agricultura más cercana.

El lema de Slow Food, propio de Carlos Petrini, bueno, sano y justo se ha convertido en el triple estandarte de su particular cruzada por una alimentación y un mundo mejores. SI LLEGAMOS A COMPRENDER Y APRECIAR EL PLACER DE LA COMIDA PODREMOS TENER UNA NUEVA VISIÓN DEL MUNDO.

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