En principio, y mientras no se diga la contrario, todo esto me suena, pues he visto las tres ediciones anteriores del Festival Áereo. Pero, siempre nos quedará la playa, el baño, y por eso buscamos la mejor posición en la arena, con marea llena, muchas sombrillas, neveras y cuñados. El calor, sofocante. Es lo que tiene este Festival en Cádiz, además de velocidad y altura para los aviones.

Las bicicletas son para la playa, como mejor vehículo para llegar y para usarlas como perchas de toallas. Bandera amarilla en las torretas, que ya no nos llama la atención, sí nos sorprende el día que ondea la verde ¿se habrán equivocado?. Pero es cierto lo del fuerte oleaje. Cádiz está acostumbrado a las olas, a la resaca y al amarillo. La playa es como el parque de nuestro barrio. Eso es lo que quiere el Ayuntamiento, escatimar los jardines.

Comienza el Festival, y los hidroaviones excusan su actuación, pues están apagando un fuego de verdad en Valencia, ¡qué informales!. Comienzan las acrobacias; dos chicas pilotos: la portuguesa –Diana- con ultraligero de cuatro alas, de los años 60. Conectan con ella por radio, y por sus palabras está que se sale ¡guau!, nos ha dejado con la boca abierta. La otra piloto, Melissa, norteamericana, dirige el avión acercándose a su marido, paracaidista en el vacío que debe aterrizar  frente al Hotel Playa. Mientras él baja a toda leche, ella lo rodea con humo de piruetas. Claro, él llega antes a su destino, y ella continúa con sus vueltas vertiginosas. Cien años de mujeres piloto. Como siempre, el hombre tiene jornada más corta.

Se pierde una niña de 4 años con un bikini rosa, por si alguien la encuentra, eso dice el speaker del festival. ¡Qué pedazo de speaker!. Me enamoré de su voz y de su entonación. Fue el alma del evento. Al rato, el locutor anuncia que apareció la niña en Los Delfines. Muy bien, sigamos con lo nuestro. Ahora vienen los Caza, algo ruidosos, pero impresionantes…..la música de la megafonía nos pone. El speaker es genial. Se pierden dos niños más, de 4 y 6 años, como en los viejos tiempos, en los míos claro. Atención a las pasadas de los aviones. Aparecen los niños también en Los Delfines. No he visto más móviles ni cámaras en mi vida mirando al cielo. Y empiezo a fijarme –al final del verano- que cada día hay más hombres depilados.

Y llega el grupo de helicópteros, me encantan sus formaciones, parece que van a estrellarse uno contra otro…. Muchísima gente por el Paseo Marítimo con anteojos. Pedazo de domingo de playa. Pero ahora es el momento de la cerveza y la tapa. Veremos la patrulla Águila desde el bar, donde la gente ya nos lleva varias cañas de adelanto. ¡qué buena está la cerveza cuando sabe a cerveza!

Los Águila cierran el acto por todo lo alto. La playa cierra el verano a lo grande. Cádiz está tieso, pero celebra el Festival y otros no. La gente está tiesa, pero llena los bares. Y la marea no ha parado de subir, ése es su trabajo fijo, con olas presionando como presionan las deudas, obligando a la gente a comprimirse  para ahorrar costes. El dia que yo nací, en agosto, en esta playa hubo carreras de caballos. ¡qué carrera la de aquel día!

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