¡Menuda exclusiva! Después de muchos intentos, he aquí un símbolo de la moderna contracultura gastronómica, nunca sujeta a intereses económicos. De ahí su grandeza.  El buen bocadillo facilita la comunicación, el compartir, y es un símbolo de la amistad, del ocio, del trabajo, de meriendas y excursiones, en grupo o en triste soledad. Es toda una referencia de la movilidad en el almuerzo, el remedio a la urgente necesidad, el testigo y alivio de los malos ratos, la recompensa a las peonadas en el andamio. El bocadillo es la estrella del deseo, el muestrario de las existencias de la nevera, la justificación del buen pan. En esta entrevista la pasión se nos desborda. Hablamos de un auténtico e irresistible bocadillo de lomo metío en manteca, no de copias fraudulentas. El bocadillo a todo el mundo le cae bien.

Es para nosotros un placer tenerle por aquí. ¿Cuál es su origen?

Soy oriundo de Vejer (Cádiz). Mi marca es Venta Pinto, y trabajo de bocadillo de lomo metío en manteca, una pasada, aunque esté feo que yo lo diga. Solo trabajo productos naturales y grasas políticamente correctas. Llevo en esto muchos años sin cambiar mi estilo ni mis cualidades. Y todo el mundo me quiere, me aprieta entre sus manos –más o menos limpias-, hasta hincarme el diente, no quieren separarse de mí. Tengo un gran índice de popularidad según las agencias de calificación de bocadillos.

Pero algo habrá cambiado en su vida…..

Bueno, es cierto que se han mejorado las infraestructuras de la venta, se ha modernizado el mobiliario, los manteles y tazas, se han añadido algunos productos. También es cierto que ahora vienen más turistas que antes, pero a pesar de todo, yo sigo siendo el mismo: un peazo bocadillo con tos sus avíos, y mi trabajo es dar alegría al personal que entre por la venta.

¿Qué tiene usted que no tengan los demás?

Bueno, a pesar de los años que nos han tocado vivir, quedan en el mercado todavía muy buenos bocadillos (tortilla, calamares, jamón mismo…), pero yo aporto el sabor más profundo de la provincia de Cádiz; soy irresistible, a veces en el desayuno me comen de dos en dos, un pelotazo vamos. Y los que no quieren engordar son los peores. La represión es muy mala oiga…..

¿Y qué hace un bocadillo como usted en una Venta Pinto como ésta?

Pues seguir siendo el símbolo del sabor de la naturaleza, a la que a veces injustamente ponemos pegas, prejuicios y críticas. Yo ofrezco el producto básico, antiguo, con solera y a prueba de años. Una venta sin un buen bocadillo es como una playa sin jubilados de paseo. Yo me siento orgulloso de ser de la provincia de Cádiz, porque tiene personalidad propia, como yo.

Y como icono del tentempié ¿no cree que su nombre está un poco pasado de moda?

Es como todo. Se inventan constantemente nuevos conceptos para quitar el hambre, pero no llevan contenido, sustancia ni sabor. Mi primer competidor el tontito “sándwich” parecía haberme ganado la carrera, con sus argumentos de ser más light (no paro de aprender nuevas palabras). Pero un queso de plástico y un sucedáneo de jamón es un cutrerío gastronómico, y claro, un bocadillo es otra cosa, es humanidad, es salud, es cultura, es exigencia de calidad en contenido y continente. El bocadillo debería ser declarado patrimonio de la humanidad material por supuesto, y ¡qué buen material!.

¿Y qué espera Vd conseguir en un mundo tan artificial?

No lo sé. Mi único objetivo es mantenerme, no perder prestigio, exigir el mejor pan recién hecho y con el mejor tamaño, así como la mejor materia prima. Creo que el ciudadano común está de mi parte: trabajadores, escolares, turistas y gentes de buen vivir me adoran. Represento la solución al hambre fuera de casa, al desavío –menos en la merienda, claro- ; soy el primer contacto de la urgencia, el fast food honesto, con armas limpias, verdaderas. Yo no engaño, no quiero hacer negocio a través de franquicias. Soy un bocadillo de pueblo, y el mejor amigo del hombre. ¡ole ese lomo metío en manteca!