Verano con prejubilación, que ya empezó en julio. En plena limpieza del cuarto de mi hijo encuentro una pancarta casera del 15-M y en inglés (¡qué nivel de indignación!). Por la radio sé que 2011 es el Año Internacional de los Murciélagos… Las exclusivas del verano son para los mercados financieros, con muchísimo photoshop, pero que siguen mangoneando, mientras que los mercados de abastos necesitan fuertes campañas de marketing. En agosto en Cádiz, carnaval y cofradías son para el verano.

Los supermercados siguen bajando sus precios (sospecho que también la calidad), y en sus puertas mendigando con cartel, siempre una joven rumana con chanclas y uñas bien pintadas (pobre pero arreglá). Recortes de presupuestos porque sí, crisis como única explicación a todo lo malo, ya no sabemos coser ni remendar. En las JMJ en Madrid, parece que solo hemos pecado las mujeres. Futbolistas bienpagaos a puñetazo limpio, y en los barrios, calés y negros pobretones también. Maltratadores con alejamiento que merodean las casas de sus ex parejas, porque no tienen nada mejor que hacer. La Constitución quiere cambiar algo su look según moda europea, y algunos de nuestros jefes de planta protestan: prefieren sus compadreos a las impuestas franquicias legales. Y el pueblo indignado. Ayuntamientos manirrotos y con facturas sin pagar: las calles les acusan con las basuras –las exteriores también-. Trabajadores a la calle, liberados intocables.

Por mi cumpleaños todos mis Facebookeros me felicitaron (invitación virtual, me salió más barata). Se hunde el vaporcito del Puerto en ese muelle tan hermoso de Cádiz. ¡Otro marrón más para el Bicentenario, pero éste nos suena a pasodoble mu sentío… También se jubila el Bribón IV entre politos de marca y náuticos exclusivos, sin tener que hundirse y con glamour muy real, pero no con rumbo garboso. Por la tarde, en mi cocina, hago el sofrito escuchando la antología de Camarón ¡qué monstruo!, «volando voy».

Hay crisis sí, pero aún puedo tapear en el barrio los fines de semana, como antes, y escoger la fruta y comprar pescado y sustituir mis viejos vasos de Duralex. En Somalía hay hambre y muchos niños flacos, y allí una mujer solo sirve para parir y buscarles alimento; ella, sin uñas pintadas, sin maquillaje, sin Facebook, sin vasos ni platos de Duralex, y sin poder comprar en un buen mercado de abastos. Ellas, sin agua para sus campos, nunca embarcarán en el Vaporcito. ¡qué asco ser mujer para esto, les digo a los hombres!

Con el estómago lleno, mi tiempo se multiplica. Los hambrientos andan 40 días para comer o paran uno para morir. Agosto, con titulares y pancartas reales, también ha sido indigno.

Pasodoble del vaporcito