Isoflavonas, bífidos, fitoesteroles, etc., son algunos de los nuevos términos de las etiquetas de los alimentos que hay en los supermercados, y que las marcas publicitan como beneficiosas para la salud (contra el colesterol o para reforzar defensas). Afortunadamente, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria ha intervenido: tras analizar casi 3.000 de estos productos alimenticios, resulta que el 80% de ellos no tienen probados científicamente sus supuestas propiedades. Es decir, que la publicidad, a través de fuertes campañas de marketing, solo busca situar “nuevos” y “mejores” productos en el mercado, a sabiendas que la Administración no intervendrá en estas cuestiones, a menos que se infringiese claramente la legislación sobre seguridad alimentaria. Mientras tanto, el consumidor se encuentra totalmente indefenso en base a su buena fe.

Hace unos días, el Diario de Cádiz dedicaba a esta noticia su editorial bajo el título “Engaños con la alimentación”, denunciando las poderosas campañas de marketing desarrolladas en pro de alimentos con sustancias supuestamente beneficiosos para salud, y que la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria acaba de poner en evidencia.

Miguel Calvo, del Área de Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Zaragoza), ha publicado un interesante documento sobre este asunto, en el que habla entre otras cosas del desconocimiento del consumidor ante las informaciones de la publicidad en alimentación. En concreto, subraya: “Cuando se utiliza «natural» como antónimo de «procesado», se encuentran los mismos contrasentidos. En cualquier tienda de alimentos «naturales» se puede comprar, por ejemplo,  proteína texturizada de soja, producto alimenticio que posiblemente haya sufrido uno de los procesados más agresivos y complejos de entre todos los existentes, y que es calificada como «natural». Por otra parte, la leche pasterizada será tenida inmediatamente como «no natural», a pesar de que su procesado, un simple calentamiento, en poco difiere del procesado doméstico tradicional de la leche”.

Como respuesta a los engaños de la publicidad alimentaria, en Alemania ha nacido el portal  Lebensmittelklarheit (en castellano, Claridad en los alimentos). Se trata de un proyecto iniciado y apoyado por la ministra alemana de Consumo Ilse Aigner y desarrollado por la Asociación Central Federal de Consumidores de Alemania. La nueva web permitirá a cualquier consumidor alemán acceder a la información pormenorizada sobre los alimentos comercializados en sus establecimientos, pudiendo denunciar posibles infracciones o deficiencias en su contenido en relación con lo anunciado. Las quejas van dirigidas en principio contra el fabricante del producto, quien deberá responder antes de enviarse a la autoridad competente. Lógicamente, los expertos legales han salido al paso, expresando su cautela ante la nueva plataforma.

Creo que esta iniciativa popular está más que justificada ante la pasividad de la Administración. Alguien debería preocuparse de contrastar lo que se anuncia, poniendo en evidencia las falsas informaciones y valorando a quienes sí las cumplen, algunos productos buenos, al parecer solo un 20%.