Será porque paso en ella muchas horas. Será porque este pequeño o gran habitáculo de la casa interactúa con otros muchos espacios: el campo, el mercado, los restaurantes, la artesanía o el diseño. El caso es que raro es el dia que no aprendo alguna cosa o descubro algún nuevo sabor. La cocina es un mundo apasionante, hecho de cosas complejamente sencillas.

PRIMERO: un tubito o cilindro de goma de vivos colores y de lo más básico, sirve para pelar los ajos sin darnos cuenta. Introduces los dientes de ajo de uno en uno, lo haces rodar con la mano, y te los devuelve pelados. Me lo regaló mi cuñada, que está en todo. Ahora mi marido es quien pela los ajos en casa.

SEGUNDO: mi hermana menor dice que el bote del gel lavavajillas es poco vistoso, y que estropea la decoración de la cocina. Por eso, me regaló este frasco, para dosificar el detergente a medida que vas fregando. Además de glamour, añade comodidad.

TERCERO: aunque pertenece al pasado de la cocina, este abanador (en mi casa le llamaban soplador) es de lo más apañado. Me trae nostalgias de las duras condiciones de los fogones de otros tiempos, en los que no existía botón para avivar el fuego. El abanador es artesanía de Vejer (Cádiz), y también sirve como salvamanteles (ocurrencia de mi amiga Pili).

CUARTO: se venden durante estos días en el mercado de abastos de Cádiz unas ciruelas super dulces, procedentes de Algodonales, y que por aquí las llaman “bombones”. Están riquísimas, son parecidas a las ciruelas claudias de toda la vida, de un suave color verde. Su cosecha es muy limitada (cultura ciruelística).

QUINTO: la huerta de Conil –ejemplo de la mejor verdura gaditana-, también se moderniza. Me he traido esta lechuga tan original, llamada “Trocadero”, en honor a la famosa batalla. Pedazo de ensalada la que preparé con ella. Es más suave que la lechuga común.

SEXTO: hablando de Conil, en la Venta Melchor probé un plato sorprendente y exquisito: revuelto de berenjenas con almejas, en el que ambos sabores se intercambian, consiguiendo un gran equilibrio. El plato, según su creadora, Petri, es muy solicitado.

Y en la cocina también descubro todos los veranos que el calor es uno de sus peores enemigos, porque asfixia al cocinero, acelera el deterioro de los alimentos, entorpece la percepción de los olores… en fín, que cocinar en verano a veces es un asco –ustedes perdonen- . Además, para colmo, hay siempre alguien en casa que dice no tener ganas de comer con el calor: trabaje usted para esto…..