Es una especie de ERE pero sin papeles y sin políticos por medio, que tiene su origen en las nuevas costumbres: en los hogares cada vez usamos más las servilletas de papel. Por eso las servilletas de tela se están quedando sin trabajo. Son grupos de cuatro, de seis y hasta de doce, todas a juego con los manteles, que conservan intacto su estilo planchado e imagen impecable. Salieron de uno de los cajones del mueble del salón, ése que tiene tantos chismes. Aquí las tenemos. Escúchenlas.

¿Cuánto tiempo sin trabajar con contrato fijo?

Pues son ya varios años. Hemos ido poco a poco dejando de estar presentes en la mesa y apenas nos hemos quejado. De hecho, los modernos manteles ya no nos incluyen. Son nuevos tiempos. Ahora vivimos siempre planchadas, perfumadas, sin arrugarnos, pero nosotras hemos sido confeccionadas para estar activas, siempre de boca en boca y las manchas no nos acobardan. Lo único que nos respetan es nuestro lugar privilegiado en los cajones. Nuestras primas las servilletas de restaurantes sí tienen un buen empleo, y las de los caterings no paran.

Y ¿a qué se dedican ahora?

Fundamentalmente a la formación. Asistimos a cursos de actualización de protocolo en la mesa, estamos pendientes de las noticias sobre el medio ambiente, tema que nos preocupa muchísimo y, fundamentalmente, hacemos una especie de mantenimiento mínimo, es decir, que procuramos estar en forma para las poquísimas ocasiones en las que nos convocan. Somos suplentes al fin y al cabo.

¿Qué ha ocurrido para ser sustituidas?

Creemos que se ha hecho una mala gestión de las servicios permanentes de servilletas; a ver: un mantel siempre ha trabajado con su equipo de servilletas a juego para cada almuerzo o cena, y a veces también para el desayuno, pero bueno, éste es más rápido e informal…. pero el caso es que hoy dia no estamos preparados para guardar las servilletas usadas, sucias, y a veces muy sucias, pues los niños son bastante guarros… Pero tras el lavado nos quedamos como nuevas.

¿Y qué solución proponen Vds?

Ponemos el ejemplo de la tía Manoli –persona de gran limpieza y organización en el  hogar- cuyo sistema consistía en guardar cada servilleta en una bolsa de plástico transparente –de las de bocadillo- y a su vez, con un servilletero de distinto color. De ese modo no se mezclaban las servilletas unas con otras por higiene, y al mismo tiempo se diferenciaban a la hora de reutilizarlas. Pero está claro que el tema de lavar (en tela) o de un solo uso (en papel), es materia de debate. ¡qué complicado es todo!

¿Y mientras tanto?

Pues normalmente las familias nos convocan cuando tienen invitados, ya que necesariamente, por decoro, se viste la mesa con mantel y servilletas a juego. Ahí es dónde brilla nuestra clase y estilo. Por eso somos jubiladas parciales y no jubiladas del todo, es decir, somos maduras pero dentro de un orden, y sin perder la elegancia que siempre nos ha caracterizado. Algunas de nosotras son una auténtica obra de arte, por sus bordados y la calidad de su tela.

Y lo dicho: habría que sopesar qué es más sostenible o barato, si lavar las servilletas cuando sea necesario o usar y tirar las servilletas de papel, nuestras competidoras. El medio ambiente no está para muchas tonterías. Nosotras lo proponemos.