Gracias a actores famosos como Natalie Portman o Demi Moore, en Hollywood está de moda la llamada dieta crudivegana, la que no cocina los alimentos. De hecho, en el pasado mes de marzo se abrió en Madrid el primer restaurante de Europa dedicado a este tipo de comida, bajo el nombre de Crucina. Y es que sus defensores dicen que lo crudo es más nutritivo.  Habrá que verlo. En Estados Unidos hay casi un millón que piensan así.

Se sabe que el vegetariano es aquel que renuncia a comer carne y pescado, por diferentes motivos. Los veganos además rechazan cualquier alimento de origen animal, como la leche o los huevos. Los frugívoros abogan por consumir únicamente fruta y frutos secos. Y por último, los crudiveganos consumen solamente alimentos vegetales no cocinados, solo comida cruda. Es decir, no cocinan jamás, porque opinan que es antinatural, pues altera sus propiedades: reduce minerales, vitaminas y ácidos grasos, y destruye las enzimas protectoras. Nada de procesar un alimento.

Es cierto que se aconseja consumir cinco raciones de frutas y verduras (crudas) al día, pero no como único alimento. Los nutricionistas dudan mucho de conseguir una alimentación completa en nutrientes a base de crudos, pues habría déficit de vitamina B12, que sería necesario complementar.

Baltasar Lorenzo, autor del libro Vivir sin cocinar introdujo el estilo crudivegano en España, y dice llevar más de 20 años manteniéndose con esta dieta y estar sanísimo. Declara que es mucho más sano, ecológico, ético y energético que la comida tradicional y omnívora.

En mi caso, después de tanto años intentando aprender a cocinar, ¿qué haría sin mi batería de cocina? ¿Cómo prescindir de la thermomix, de mi brillante vitrocerámica, y qué sería de mí sin mis queridos peroles de hierro, viejos compañeros de mis torpes guisares?. De hacerme crudivegana todos ellos irían al paro, con la crisis que hay…. Pero tampoco disfrutaría de un buen pollo de corral con su salsita caliente y sus verduritas, dejaría de hablarle a los sofritos y a mis arroces, símbolos de la gastronomía familiar y colectiva…. ¡un crimen!.

Por lo visto, Pitágoras, el matemático griego del cateto y la hipotenusa, ya practicaba este estilo de alimentación, e incluso Ghandi, el símbolo de la reflexión y no violencia hablaba bien de la dieta crudivegana. Está claro que ninguno de ellos se metió nunca en la cocina. Y las Portman y Moore prefieren tener la cocina de exposición, no ensuciarla jamás: así cualquiera; ya nadie se quemará con la comida caliente, ni estará pendiente de darle un último hervor al potaje, ni el pochado a la verdura, ni la mejor fritura a las croquetas caseras…. y la mesa y el comedor perderán su glamour conseguido en tantos y tantos años de comunicación gastronómica compleja y tradicional… como el calorcito del puchero, nada.

Fuente: 20 minutos.