De auténtico y glorioso resurgir puede calificarse hoy dia la situación de los vinos en la provincia de Cádiz. Nuevas bodegas, nuevos proyectos, nuevos estilos, y nuevas gamas. Un ejemplo fue el acto que tuvo lugar el lunes pasado, cuando en la finca Torrecera –de esta pedanía de Jerez- la Bodega Cortijo de Torrecera, fundada por Miguel Domecq, presentó en sociedad tres nuevos vinos de alta expresión, un blanco y dos tintos. De 2002 es el primer viñedo de esta Bodega, y de 2008 su primera cosecha.

Dos enólogos pertenecientes al Cortijo –Javier Díez y Joaquín Gómez- describieron el blanco y el primer tinto –respectivamente-, siendo presentado el último tinto ya durante el almuerzo. El Cortijo Torrecera se sitúa junto a la antigua torre vigía del siglo XIII, en un bello entorno natural y con un moderno edificio de gran belleza y sencillez; es una construcción moderna, adaptada a los tiempos, que permite actos sociales e institucionales de la Bodega, y donde la luz se derrocha en todas las estancias. Todo ello acorde con el nivel de los vinos que allí se están haciendo.

Conceptos como una larga concepción y gestación pero con parto natural, fueron los utilizados por el presidente de la sociedad bodeguera, Miguel Dómecq, para definir el trabajo y esfuerzo empleados en la obtención de estos vinos, que llevan su propia pasión embotellada. Con ideas claras, experiencia de 2-3 cosechas, han obtenido vinos de viñedos propios, con características frutales muy concretas. Se trataba de darles expresividad, la opción más meditada. A través de la fermentación en barrica, se ha pretendido conseguir ampulosidad, cuerpo y complejidad para los vinos.

En Cortijo Torrecera se cuenta con experiencia en maceración en frío previa a la fermentación en barricas francesas. Para ello, las parcelas se vendimiaron a las 6 de la mañana, con rápida recolección y gran selección de viñedos, volviendo a la misma tierra los desechados. Se ha buscado no el olor a madera, sino toques de torrefacto, con la fermentación a temperatura controlada, lo que es difícil a menos de 20º, obteniendo aromas primarios, florales, etc. La palabra Alhocen hace referencia a uno de los pagos de la Finca.

Primer vino: Alhocen, Chardonnay, 2010. Javier Diez lo presenta como blanco aromático, a fruta fresca, matices de flores silvestres, manzanilla verde, notas suaves de madera, con sutileza. Es más glicérico, más persistente, más largo en boca. Suave y con buena acidez. Potencia aromática grande. Tiene mayor posibilidad de maridaje gastronómico, incluso con un buen pescado graso o carne de caza.

Segundo vino: Joaquín Gómez habla de este tinto: Alhocen, Syrah-Merlot, 2008. Con uva Merlot y Syrah, procedentes de la finca, se realiza una selección de parcelas siempre para la alta gama, con un trabajo en viña muy exhaustivo. Lleva 8 días en maceración prefermentativa, para extraer el color de la fruta, evitando agresividad. Y entonces, a baja temperatura, en 2008 se encuentran con esta joya de vino; de gran potencial, lo pasan a barrica de roble francés 100%, donde permanece un año, para luego trabajar con él, decidiéndose su embotellado. Vino de capa intensa, rojo picota con ribetes dorados. Dos años en botella, pero con mucha mineralidad y poco olor a madera, que queda en segundo plano. Amable, tanino típico de Cádiz en boca, no es agresivo, con persistentes aromas a las especias y albaricoque, etc., Vino especial para esta tierra.

Tercer vino: Alhocen Selección Personal, vino de alta expresión. De nuevo Javier Díez toma la palabra para describir este vino tinto, por haber seguido personalmente su evolución. Pasión, dedicación, criterios en viñedo, poca producción y control en la misma, etc., representan un trabajo de relojería, con el ensamblaje de las cuatro variedades de uva que se dan en el Cortijo de Torrecera, permitiendo que cada una expresa su personalidad, floralidad y especiado. Se busca el equilibrio entre Cabernet Sauvignon, Tempranillo, Merlot y Syrah, cada una en su faceta, pero ninguna mejor.  En vendimia nocturna, a mano, con taninos dulces. Vino –en palabras del enólogo- con nervio, pasión y entrega, que alcanza más cuerpo que el tinto anterior. Las dimensiones aromáticas en él están perfectamente ensambladas. Estuvo 12 meses en barrica francesas (de 4 bosques distintos) y busca deleitar al consumidor.

Para Miguel Domecq, que interviene al final del acto, estos vinos de Torrecera, cosecha de 2008, han superado sus expectativas. Nuestra tierra es capaz de criar vinos maravillosos y es un orgullo poderlos hacer. Ahora es imprescindible nuestro apoyo, el de los gaditanos, que deberíamos colocar estos buenos vinos en el lugar que se merecen por su calidad y personalidad.