Unas lentejas, dos gazpachos y un pastel de pescado (riquísimo por cierto), ha sido el triste balance de mi trabajo en la cocina en los últimos ocho días. Es lo que tiene la feria. Además, cada vez la empezamos antes, incluso sin esperar el alumbrado, ya el sábado antes comienzan los actos para los socios.  Por eso, durante estos días es aconsejable cocinar poco y descongelar menos, pues se corre el riesgo de tener que tirar comida, lo que es un verdadero crimen. Los mismos vendedores de mercados sevillanos tienen claro que durante esta semana se vende lo mínimo. Eso sí, sale muchísimo jamón y gamba preparados para el consumo de las casetas.

Este año –dice mi hijo- que las tapitas de nuestra caseta han subido de nivel, tanto de sabor como de presentación. Aquí muestro una de las favoritas: crujientes de marisco. También se consumen mucho las tortillas de patatas, el pescado frito, la chacina, los montaditos de lomo, etc., Todo ha estado realmente bueno y bien preparado. Pero la verdura sigue ausente de casi todos los platos, tal vez por la dificultad que entraña su transporte y elaboración en unas casetas repletas de gente, con calor y prisa por servir. Supongo que esto influirá.

La Feria de Sevilla es una actividad casi imprescindible para los ciudadanos, es decir, que es muy difícil ignorarla y ausentarse de ella; allí se cumple el rito anual del reencuentro con los amigos, con la familia, con los compañeros de trabajo. Siempre te besan al verte, aunque los hayas visto el día anterior en el departamento, y no sueles recordar nada de las conversaciones allí mantenidas. Pero al final, lo único que te queda es el cansancio y la falta de sueño, además de las malas digestiones y un cierto complejo de culpabilidad de lo mal que has comido. ¡Ah! y decir que de las ya muchas portadas que he podido conocer, la de este año 2011 es la más fea con diferencia.

Semana en la que la ciudad se trastorna y la gente también. Las jornadas laborales se acortan, las tiendas cierran antes, y toda la actividad se concentra en el recinto ferial, con mucha gente trabajando duro, para sacarse un sueldecito en estos ocho días, a base de pasar muchas horas de pie y sudar, como camareros, vigilantes o cocineros. Y es que en las cocinas de las casetas no se para.

Esta feria, mi cocina -como la mayoría en Sevilla- ha estado a medio gas y apenas se ha ensuciado. Ahora mismo estoy escuchando los fuegos artificiales que cierran la feria y ya estoy preparando las lentejas de mañana.