Tengo recibida una excelente presentación con imágenes de familias de diferentes países, fotografiadas junto a los productos de su menú semanal, indicando también el gasto total realizado en euros. El fichero es de lo más curioso, porque pone de manifiesto las costumbres y las preferencias de los ciudadanos de algunos países. Pero también muestra la evidencia de la pobreza, como es el caso de la familia que vive  en la República del Chad, uno de los países más pobres y con mayor corrupción: con 1,62 euros a la semana se alimentan todos los miembros de la casa, y solo a base de granos. La familia alemana es la que más dinero dedica a su alimentación, adecuado a su alto nivel de vida, con 500,07 euros semanales empleados en la compra de alimentos.  Estos comentarios míos suenan a critiqueo puro y duro de patio de vecindad. Sin embargo, la alimentación de una familia es algo muy serio. Y viendo estas imágenes, uno se imagina cualquier hogar español.

No sé hasta qué punto estas fotos responden al comportamiento alimentario de una familia media de ese país, no son mías. Pero, independientemente del nivel económico de cada nación, en esto de alimentarse hay demasiadas diferencias. De las diez fotografías, podríamos extraer el país peor alimentado (y el que menos ha gastado en comer), el mejor alimentado (no siempre el que más ha empleado), el más rico y con más gasto en alimentación semanal (con sus excesos también), y el que peor se alimenta con diferencia (aunque dedique mucho dinero a la compra).

Ahí tenemos a Chad, cuyos ciudadanos sobreviven de la agricultura de subsistencia, y en su dieta semanal, una familia apenas puede disfrutar de un saco de trigo, alimento tal vez rico en nutrientes, pero con poca diversidad. Aquí no hay sentido gourmet de la gastronomía, aquí se trata de comer, quitarse el hambre, sobrevivir, lo que ya es un logro.

Frente a este país africano, podríamos colocar a los alemanes, ricos donde los haya, con una buena renta per cápita, que según la imagen facilitada, compran productos  superfluos para su dieta, en la que gastan 500 euros semanales. Salvo una pequeña muestra de frutas y verduras, consumen una gran cantidad de carne, mucha cerveza, y excesivos alimentos envasados. El pescado brilla por su ausencia. No es una dieta mediterránea, no hay legumbres (que yo vea) y sí muchos lácteos y bollería. Está claro que no todo es gastar mucho para comer bien. Hay que saber comprar.

Por otro lado, la familia japonesa hace alarde de un menú variado, selecto, en el que se incluye mucho pescado en su dieta, así como productos excelentes como tofu y legumbres. La fruta y la verdura tampoco faltan. Su presupuesto de compra semanal ronda los 317 euros. Y, como sabemos, Japón es uno de los países con mejor calidad de vida, y sobre todo, mayor educación y cultura.

Y dejo para el final el país símbolo del mal comer, de la mala alimentación: Estados Unidos; tal vez cada vez lo sea menos, ya que, conscientes de los porcentajes de obesidad en la población, están poniendo remedio a sus malos hábitos alimenticios. Los dos hijos de la familia con una pizza en cada mano, junto a otros platos precocinados, lo dicen todo. Esto es horrible. Han sido 346 euros semanales para comer porquerías.

Por medio me he dejado países como Ecuador (familia pobre y numerosa, solo frutas, verdura y grano, 31,55 euros); Nepal (mucha familia y poca proteína, 5,03 euros); Egipto (familia numerosa, pero buena proporción de frutas, verduras y legumbres); Polonia (frutas y verduras, sin pescado, aparecen los envasados, 151 euros); Mongolia (mucha carne y bollería, 40,02 euros); China, Pekín (casa moderna, mucha carne y latas, 155 euros); Italia, Sicilia, (excelentes frutas y verduras aunque mucho pan, 260 euros); México: espectaculares productos de la huerta pero mucha cocacola, 189,09 euros); Kuwait (una pasada de cocina superordenada, aquí hay de tó, vegetales, carne y pescado); y Inglaterra, Londres, (un desastre, pocos alimentos frescos, para 253 euros).

Y aunque una peque de simple, ha sido un modo de visitar los comedores y cocinas de estas buenas familias, de diferentes niveles económicos. Salvo los muy pobres (de lo cual no tienen culpa) y de los muy civilizados (japoneses), a casi todos les he encontrado algún defecto.

Desde luego este post va de auténtico critiqueo de vecindario. Lo siento, no lo he podido remediar, ustedes perdonen mi atrevimiento.