Ayer domingo –junto a otras cuatro cofradías de Semana Santa- recorrió las calles de Cádiz la Sagrada Cena, que tiene su sede en la iglesia conventual de Santo Domingo, donde también se encuentra la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad.  El único paso de misterio de esta Cofradía, llamado de Jesús del Milagro, acoge una mesa alargada puesta para Jesús y sus doce apóstoles, a punto de celebrar la llamada Santa Cena, previa al comienzo de su pasión. La foto principal es de La Voz de Cádiz.

La mesa, además de las consabidas copas para el vino y platos para el pan, productos que aportan la esencia del misterio, acoge también en su centro fuentes y cestos con espléndidas frutas, dispuestas con esmero: uvas, plátanos, manzanas, peras, piñas, mangos, etc, procedentes del puesto de Gallán, de nuestro mercado central de abastos. Las piezas fueron seleccionadas el sábado, reservadas y sometidas a un delicado trabajo de abrillantado para su mayor vistosidad, antes de colocarse en el paso, que desfiló en la tarde del domingo de ramos.

Esta fruta –como ya es tradición-, es donada por una familia gaditana perteneciente a la Cofradía; y precisamente mientras yo compraba en el mercado de abastos el sábado por la mañana, vinieron a recogerla. No pude resistir la tentación de fotografiar uno de los tabales que la transportaba. Por la tarde, dentro del templo, tuvo lugar la pequeña ceremonia de colocación de la fruta sobre la mesa de blanco mantel, cargada de simbolismos religiosos.

La Cofradía de la Sagrada Cena de Cádiz se fundó en 1960, y es una de las más activas de la Semana Santa gaditana. Tiene una banda de música con su mismo nombre, y creó hace tres años una escuela de saetas, bajo la dirección del cantaor y saetero Juan Romero Carril. En la actualidad, hay matriculados 12 alumnos en la escuela, cuyas clases se imparten en el Centro Flamenco de la Merced.

Una vez más la comida, el alimento, es el símbolo de la unión, del compartir, del poner en común, del sacar fuerzas para preparar los duros proyectos de futuro, de buscar apoyos en nuestros allegados, como ocurre en el misterio de la Sagrada Cena. Junto al pan y el vino, cuerpo y sangre, la fruta es la referencia del disfrute ligero de los sentidos, de las pequeñas cosas, y que sin embargo están llenas de bendiciones. Sagrada Fruta.