Calles, balcones y casapuertas hablan por sí solos en Cádiz. Es fácil entonces imaginarse a los que allí vivieron y respiraron. El pasado sábado, un grupo familiar asistimos a una visita guiada y teatralizada, a cargo de la irma Hespérides Gestión Cultural. Lola la Pikonera (con ka), mujer cañí gaditana, personaje de ficción de la obra de José María Pemán “Cuando las Cortes de Cádiz”, nos describió junto a la señora Rimaldi, esposa de comerciante de Indias y de la alta sociedad doceañista gaditana, el tiempo que les tocó vivir, a través de las calles y plazas que –afortunadamente- quedan todavía intactas en la ciudad.

Partiendo del monumento a la Constitución (construido en su primer centenario, 1912), en la Plaza de España, Lola describe con entusiasmo la histórica jornada del 19 de marzo de 1812, a través de los edificios próximos. Tal como lo cuenta Lola, parece que lo estamos viviendo. También nos descubre interesantes detalles del monumento,  desconocidos para casi todos. Lola enseña orgullosa el barrio de San Carlos, ejemplo de la elegante arquitectura neoclásica gaditana.

Prosigue nuestro paseo siguiendo a Lola, que dedica sus recuerdos a las tertulias literarias y políticas, dirigidas curiosamente por mujeres, señoritas preparadas: Margarita López de Morla,  y Franquita Larrea…….. A Lola la Pikonera le encantan estos personajes, admirados y famosos en la ciudad doceañista, que daban mucho que hablar.

Pasamos por la Plaza de San Francisco, con alusión inevitable al campanario y su participación en el asedio; parada en el callejón del Tinte y sus bellos edificios. En Plaza de Mina aparece la señora Lucrecia Rimaldi: refinada y acomodada esposa de un comerciante de indias, que desde sus recuerdos, describe cómo era la Plaza de Mina, indicando sus ilustres vecinos.  Llegamos a la bella Plaza de San Antonio, con sus clásicas casas de comerciantes de Indias, dónde nos cuentan a qué se dedicaba cada planta. Aún quedan allí algunas torres vigía de diferentes estilos. Antes fue el Campo de la Jara.

Accedemos al patio del Casino Gaditano, edificio que acogió importantes reuniones políticas. Los primeros propietarios del edifico, los Istúriz, estuvieron relacionados con el gobierno. Al marcharse la familia,  se reforma el Casino, con el patio neonazarí, tal como hoy lo conocemos. Admiramos la casa Aramburu, sede de la antigua Banca. Detalles de algún café que existió en la época. Esto le encanta a Lola.

Las visitas temáticas bien documentadas, –como en el caso de Hespérides- son una excelente fuente de información cultural para el visitante y para el propio ciudadano, que ignora muchos datos de su propia historia. Yo misma aprendí en esta ocasión muchas cosas que desconocía. Cádiz da para mucho, y sobre todo el Doce. Gracias a Cristina por su dedicación, su profesionalidad y su perfeccionismo, y gracias a la frescura de nuestra Lola la Pikonera, cercana al pueblo y sus recuerdos, y gracias a la señora Rimaldi, memoria imprescindible del Cádiz más refinado.