Respaldado por sus propios calificativos: bueno, limpio y justo, se presentará en Cádiz el próximo sábado 19 la organización Slowfood. Fundada en 1989 por Carlo Petrini, en Bra (Italia), nació para crear una asociación enogastronómica alrededor del vino y la alimentación. Su primer objetivo era defender una buena alimentación, los placeres de la mesa y un ritmo de vida “slow”, lento. Pero después, Slow Food amplió sus horizontes y se interesó por la calidad de vida en general y, lógicamente, por la supervivencia del amenazado planeta tierra. Hoy cuenta con más de 100.000 socios en 132 países. (Comeencasa es socio también).

S.F. es una asociación internacional sin ánimo de lucro, financiada por sus socios y  concebida para cambiar el modo en que hoy se produce, distribuye y consume la alimentación. Viene a ser la “Green Peace” de los alimentos.

Según su folleto corporativo, “Slow cree en una nueva gastronomía entendida como algo indisoluble de la identidad y la cultura, basada en la libertad de elección, en la educación, en el enfoque multidisciplinar, para vivir lo mejor posible utilizando respetuosamente los recursos disponibles”. Creo que SlowFood lo tiene todo.

Por lo tanto, S.F. se dedica a proteger los alimentos de calidad y los métodos de cultivo y transformación tradicionales y sostenibles, así como a defender la biodiversidad de las variedades cultivadas y silvestres. También, Slow Food cree que el único tipo de agricultura que ofrece perspectivas válidas de desarrollo, sobre todo en las regiones más pobres del planeta, es el basado en la sabiduría y los conocimientos de las comunidades locales que viven en armonía con el ecosistema que las rodea. S.F. defiende las diferencias culturales, territoriales y regionales, íntimamente ligadas a nuestra herencia alimentaria, revalorizando así la historia y la cultura propias. 

Considera esta asociación que comer es un acto agrícola, y que los consumidores, mediante la información, se convierten en coproductores; Y por eso para ellos, los alimentos de calidad deben ser buenos, limpios y justos.

Bueno: sabroso, saludable, fresco,  estímulo y satisfacción de los sentidos.

Limpio: porque su producción no daña a la tierra ni a la salud.

Justo: es respetuoso con la justicia social, con retribución y condiciones de trabajo dignas.

Es la comida entendida como placer, toma de conciencia y responsabilidad. Por ello, Slow Food construye redes que relacionan a productores y coproductores,  educa a los consumidores de todas las edades y protege la biodiversidad.

S.F. ha creado TIERRA MADRE: un proyecto para apoyar las economías locales y sostenibles de pequeñas dimensiones. Con una red de 5.000 productores alimentarios que pertenecen a 1.600 comunidades, 1.000 cocineros y 400 universidades de 150 países, constituye un lugar común de las comunidades del alimento. Slow Food es una forma de actuar contra el fast food (alimentos estandarizados de mala calidad), salvando así las recetas locales, los productos tradicionales, las variedades vegetales y las especies animales amenazadas, es la Educación del Gusto.

SI LLEGAMOS A COMPRENDER Y APRECIAR EL PLACER DE LA COMIDA PODREMOS TENER UNA NUEVA VISIÓN DEL MUNDO.

Más información en www.slowfood.es