Son de pollo y sí se notan; están hechas en casa, como antes. Pechugas de pollo cocidas con el puchero previo de Manuela, una joya de asistenta. Y tras contarlas, han salido 47 croquetas del tamaño perfecto, que una vez fritas por la paciente de mi cuñada con buen aceite de oliva, se transportaron en una fiambrera familiar hacia el Carrusel de Coros de Puerta Tierra, junto a alguna empanada de Butrón y bocadillitos de buen chorizo, todo de Cádiz. Hacia el carrusel, esta vez con mochila. Por supuesto, las croquetas se acaban al primer ataque.

Desde el primer año que cantaron los coros en la Segunda Aguada –como inicio del Carnaval de Cádiz-, nos venimos reuniendo la familia –primos hermanos todos con sus parejas- para beber levemente, tapear, contemplar las carrozas e incluso escuchar los tangos. Este año incluso estuvo en peligro la celebración del carrusel, solucionándose con un acuerdo de última hora entre la Unión de Comerciantes y la Asociación de Coristas.

Esta cita anual de febrero –este año marzo- se ha convertido en un agradable punto de encuentro en dónde charlar, actualizar nuestra comunicación familiar, y poner en común recuerdos, opiniones, proyectos, que nos permiten sentirnos cercanos, a pesar de la lejanía de nuestras respectivas residencias. Y también allí, año tras año, vemos cómo han crecido nuestros hijos y cómo hemos envejecido nosotros….

El resto del carnaval durante el primer fin de semana fue bastante duro, por la constante multitud que recorre las estrechas calles gaditanas. Algunos disfraces originales por su condición de caseros y mucha gente joven con alcohol al caer la noche. Ya en el barrio de La Viña, a una hora todavía decente, hicimos algunas fotos. Por ejemplo a esta pareja que iba de “tetrabrik de leche derramao”, y cuyo ingenio con escasos medios es indiscutible.

Por último, Jesús, un simpático “romancero”, nos recitó su texto especialmente para nosotros, bajo el lema “Esto no es lo que era”; narra en versos octosílabos las vicisitudes de un hombres como amo de casa, que tiene mantener su casa limpia a toda costa, pues su mujer es muy exigente con el brillo. Jesús –con guantes, delantal, limpiacristales, bayeta y plumero), nos transmite la alegría libre del auténtico carnaval, el de la calle, el simple, el de la crítica modesta, el que hace disfrutar al actor y al público. Gracias Jesús.

Y aquí va el enlace de una columna del famoso autor de chirigotas José Guerrero «Yuyu» , que en el Diario de Carnaval opina sobre las deudas de los Ayuntamientos, concretamente con las agrupaciones de Carnaval.