Al ‘super’ con mi bisabuela

 

Hace un año que compré “El detective en el supermercado” obra del periodista y escritor Michael Pollan en 2008. El título original de la obra es “In defense of Food” y su autor es colaborador habitual en The New York Times Magazine y en diversas publicaciones prestigiosas. Pollan es profesor de periodismo científico y medioambiental en la Universidad de Berkeley. “El detective en el supermercado” va de “comer bien sin dejarte engañar por la ciencia y la publicidad”, y entre otras cosas, nos sugiere contar con la opinión de nuestra bisabuela a la hora de comprar los alimentos.

 El contenido del libro es ameno y muy denso. Creo que de cada frase de él yo podría escribir un post, por la cantidad de mensajes que sugiere. Pero hoy hablaré del capítulo ‘Coma comida: definir la comida’, y que repasa la evolución sufrida por los alimentos en los últimos tiempos, en los que Pollan cuenta haber visto desaparecer la verdadera comida de grandes zonas del supermercado, ocupando su lugar en los estantes –según él- un conjunto de sucedáneos.

 “No coma nada que su bisabuela no reconocería como comida”, nos dice. Y se refiere precisamente a la bisabuela porque posiblemente ella tendría menos confusión sobre la naturaleza de los alimentos de toda la vida y los que consumimos en la actualidad con diferentes procesos, es decir, para comparar dos o tres generaciones. Recorrer con la bisabuela los pasillos del supermercado supondría no reconocer la mayoría de los productos envasados. Incluso si se trata de un yogur y le leemos los ingredientes de la etiqueta, ella tendría más dudas de su contenido. Y es que hay cientos de productos en el supermercado que nuestros antepasados nunca podrían considerar al menos como comida: algunos lácteos, barras de cereales, natas, seudo bizcochos, y así muchos otros, por no hablar de los precocinados.

 Y es que, además de por los aditivos químicos, los alimentos procesados o derivados de la ciencia de los alimentos según Pollan, engañan a nuestro cuerpo, ya que los colores y los aromas artificiales, los edulcorantes sintéticos y las grasas nuevas confunden nuestros sentidos. Por eso nos dejamos llevar por las etiquetas.

 Nuestra bisabuela dejaría muchos de estos productos fuera del carrito de la compra, aunque tal vez no todos, pues seguramente terminaría creyéndose que el pan de molde de agradable imagen es auténtico. La industria imita la imagen tradicional como estrategia.

Michael Pollan en su libro parte de la realidad norteamericana, más temprana que nuestro país en la transformación y procesamiento de los productos de alimentación. Es decir, en España, este problema se está notando en los últimos veinte ó treinta años. Pero desde luego los mensajes de “El detective en el supermercado” nos vienen de perlas para hacernos pensar en todo aquello que nos llega a través de la industria, con mensajes nutricionistas o dietistas. Y aunque no llegué a conocerla, estoy segura que mi bisabuela, Adelaida, mujer además de un jefe de cocina, desconfiaría de muchos de los productos del supermercado.

 

(Seguiré comentando ideas del libro, merece la pena).