Nació en 1837 de la mano del arquitecto Juan Daura. Siguen bajo sus pies las ruinas de las factorías de salazones romanas y del pasadizo del antiguo convento de los descalzos, que desamortizó Mendizábal. Ha sido remozado recientemente, ganando en belleza y solera, y lucha por seguir siendo el centro de la vida comercial del casco histórico gaditano. Hoy le hemos acercado el micrófono, en un alarde de operación de marketing-comunicación. El mercado de Cádiz forma parte de la historia de esta ciudad y es su mejor seña de identidad.

¿Se siente Vd. moderno a pesar de los centros comerciales?

Es que soy un clásico; lechugas, tomates, pimientos, manzanas, pescadillas, chocos y solomillos de ternera son productos eternos. Yo atiendo a clientes pobres y ricos. Eso sí, siento debilidad por las ancianas que me visitan tirando con dificultad del carrito de la compra. Son mis clientes incondicionales, pues no tienen coche para comprar en esos monstruos comerciales, pero valoran mis productos. Y como podrá Vd. comprobar, mis vendedores son gente seria, profesional, capacitada y sobre todo ilusionada con su trabajo, desde hace varias generaciones. Están preparados para ofrecer lo mejor al cliente.

¿Y qué puede usted ofrecer a la sociedad en este siglo XXI?

Creo que mucho: variedad, actualidad, calidad, precios asequibles y cantidad justa; también el estar dentro de un bello casco histórico como el gaditano. Y, para rematar, les ofrezco mi hermosa arquitectura. Pero lo más importante es la relación personal que se establece entre mi vendedor y el cliente, que no tiene precio. Es lo que se llama factor humano y comercial al más alto nivel y por eso soy un mercado de primera división. Comprar alimentos es un arte y una bendición.

¿Cómo está viviendo la crisis?

Yo ya he vivido muchas crisis, no me asustan, y de todas he salido airoso. Siempre recuerdo otras épocas, como la posguerra, en la que apenas me llegaba mercancía y veía interminables colas para comprar pan negro y aquel pescado humilde llamado “cachucho”. Sé que hoy hay familias que lo pasan mal, que apenas llegan a fin de mes. Pero también es cierto, que en los tiempos digamos “buenos” no aumentó precisamente el presupuesto en el comer….Creo que soy el dinero mejor gastado, porque soy la mejor inversión: en salud y en calidad de vida. A ver si se van enterando esos nuevos ricos incultos y presumidos… Recorriendo mis puestos se compra lo mejor y a precios razonables. Los mercados de abastos somos la opción comercial más ecológica, porque nuestra mercancía apenas viaja.…. No se le olvide escribir esto en la entrevista.

Le veo muy agresivo…

Hombre, con la ilusión que lleva mi apertura diaria, es para tomarse en serio mi actividad. No olvide que además de monumento histórico-artístico, soy también un escaparate de lo mejor de esta tierra. Es cierto que también recibo productos de todas partes: judías verdes de Marruecos, ciruelas de Chile, fresas de Huelva, uvas de Sudáfrica….. Fíjese cuanto glamour en mis puestos….y eso hay que contarlo. Hay que informar a la gente que apenas me conoce y no sabe lo que se pierde, con ese estilo de comprar todo envasado, sin personalidad, tan vulgar….yo, el mercado,  aporto la cultura básica y maravillosa del producto empaquetado en el momento.

¿Cuáles son sus mejores apuestas?

Vendo el mejor pescado de la costa gaditana, la mejor fruta y verdura de Conil, la mejor carne de ternera de retinto de la provincia (un lujo), y también vendo pollos camperos, no esos que parecen de plástico….pero mi mercancía es variada, de todos los precios. Y, desde luego, el componente humano, de confianza y cercanía es un valor añadido a la compra. Además, mis vendedores son gente informada, son capaces de dar recetas de cómo guisar los productos

Tiene Vd. una envidiable autoestima….

Es que soy el más gaditano; muchos años me contemplan…he conocido desde el canasto de mimbre hasta el carrito de ruedas para comprar, pasando por las infames bolsas de plástico. Llevo más de cien años escuchando cada febrero los tangos de carnaval, alrededor de mi recinto. Tengo mi propio tanguillo. Eso no lo tiene ningún mercado del mundo mundial. Estoy asociado con los mejores mercados de España. Y mi nombre es excepcional: Mercado de la Libertad. ¡Viva Cádiz!

Y un abrazo muy fuerte a Asodemer (Asociación de Comerciantes del Mercado de Cádiz), mi representante y mentor.

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