En pocos años hemos pasado a tener todos un lavavajillas en la cocina. Confieso que yo nunca lo utilizo sino mi marido, que lo carga y lo enciende. No llevo muy bien eso de colocar los cacharros para ser lavados más tarde y luego tener que guardarlos. Pero reconozco que algo tan banal como las diferencias entre fregar cacharros a mano o en lavaplatos es un interesante objeto de reflexión. De eso va la noticia de Eroski Consumer que estuve leyendo.El lavavajillas facilita y agiliza el trabajo de fregar, higieniza y desinfecta los utensilios. Sus altas temperaturas acaban con las bacterias de los cacharros, cosa impensable en el lavado a mano. No obstante, hay que sopesar necesidad y cantidad de piezas a fregar y hacerlo correctamente. Nos recuerda Eroski que la ley obliga al uso de lavavajillas en la hostelería y en los comedores colectivos, pues con las temperaturas elevadas se evita la transmisión de enfermedades y focos infecciosos. Además, el secado con calor completa el proceso de desinfección.

Pero no hay que olvidar la preparación previa al lavado a máquina; hay que limpiar los platos de restos de comida, pues de lo contrario el filtro acabará obstruyéndose y lavando mal. Los restos en platos y cubiertos se adhieren por el calor. Es muy importante colocar correctamente los cacharros en el interior del lavavajillas (abajo los más sucios y resistentes, boca abajo siempre, los platos en vertical y bien separados; y arriba los vasos y piezas ligeras. Los cubiertos deben disponerse con el mango hacia abajo. El aspa del lavavajillas tiene que girar libremente. No conviene lavar a máquina los cacharros de madera o barro. Luego habrá que seleccionar el programa más adaptado a las características, por carga y grado de suciedad. Sin embargo, se pueden dañar las piezas delicadas (ver las fiambreras de plástico deformadas….)

Es fundamental cuidar el mantenimiento del propio aparato por su buen funcionamiento: vaciado y limpieza periódica de filtros, cestillos e interior de la máquina. Existen en el mercado productos especiales para ello. También hay que vigilar los niveles de sal, sobre todo en aguas duras (mucha cal), así como los de abrillantador.

Lo normal es que el lavavajillas ahorre agua en relación con el fregado a mano. Algunos modelos disponen incluso de programas ecológicos que minimizan el empleo de agua y luz. El modelo de lavavajillas a elegir dependerá de cargas familiares y características.

En cuanto al lavado a mano, hay que tener en cuenta: a) necesidad de retirar los restos de comida, enjuagando con agua templada. b) enjabonar esquinas y  resquicios, empezando con las piezas más delicadas, terminando con las más grasientas como sartenes. c) aclarar y enjuagar con agua caliente hasta eliminar todo el jabón y dejar escurrir. d) secar los cacharros con un trapo limpio. (dejarlos escurrir mantiene la humedad y favorece el desarrollo de microorganismos). Un buen aclarado y secado son fundamentales para evitar contaminaciones químicas y microbiológicas. Si tenemos dos fregaderos en la cocina, uno podrá destinarse al lavado de alimentos y otro al equipo, pero nunca deben compartirse.

A los utensilios de madera no les conviene el lavado a máquina por la elevada temperatura que hace que se deterioren. Pero es cierto que necesitan una limpieza profunda, por lo que conviene un fregado a mano normal (retirada de restos de alimentos, enjuagado, enjabonado y aclarado), y a continuación, introducirlos en una disolución de agua con un chorro de lejía; allí se dejarán unos minutos y a continuación se aclarará y secará con un trapo limpio para dejarlos hasta su completo secado. En la cocina profesional está también prohibido el uso de cucharas y utensilios de madera.

Esta entrevista a un lavavajillas doméstico puede daros más información en primera persona: