Han sido treinta y siete años de espera, en los que esta céntrica plaza de abastos ha estado funcionando en unas instalaciones provisionales realmente precarias, yo diría que impresentables, para una ciudad como Sevilla, en la zona más céntrica de esta capital. Goteras, humedades, calores, inaccesibilidad, etc. Por fin, el moderno mercado de la Encarnación ha abierto orgulloso sus puertas al público en lo que fue su antiguo emplazamiento, tras las interminables obras de remodelación, que han vivido todas las incidencias posibles, desde problemas con la licencia, aparición de restos arqueológicos, uso de solar para parking, etc. De nada sirvieron las quejas y descontentos de público y comerciantes.
El nuevo mercado de la Encarnación cuenta con 40 puestos, entre fruterías, carnicerías, pescaderías, abacerías, congelados, dos pequeñas cafeterías, incluso una joyería en un quiosco exento en mitad de las instalaciones. Muchos de los comerciantes de esta plaza pertenecen a varias generaciones de placeros. El mercado original comenzó en el siglo XIX, y sus fotos antiguas están expuestas a modo de exposición, hasta el próximo 7 de enero.
He tenido ocasión de conocer de cerca la bondad de los productos de este mercado, pues durante muchos años recogía el pedido de frutas y verduras a la salida de mi trabajo. En frutas y verduras era una potencia (mucha fruta de Aragón), y en cuanto a carnes y pescados, a pesar de tener pocos puestos, he podido comprobar su calidad y variedad. Además, he visto que tienen pollo de corral, todo un acierto.
Modernas instalaciones, buena disposición de los puestos, excelente iluminación y eficaces sistemas de eliminación de residuos, convierten al nuevo mercado en un centro comercial a la altura del siglo XXI. Sin embargo, ya en mi primera visita he comprobado que sigue estando sentada en la puerta, pidiendo limosna como hace ya muchos años, María, una gitana madre de muchos hijos, muy conocida en el barrio. Recuerdo que los comerciantes de la zona, en otros tiempos, le administraban el dinero que obtenía “ofreciendo” matitas de romero a los viandantes.
En el mercado provisional tuve ocasión de compartir compras con las queridas Hermanas de la Cruz, monjitas que tienen cerca el convento. También he visto cómo los productos adecuados para consumir pero no para vender, se donaban a partir de las tres de la tarde a personas con pocos recursos. Sin duda, este mercado, como creo que muchos otros, está lleno de historias humanas que nos hacen pensar y reflexionar. Desde aquí mi recuerdo a Dolores y Manolo, un matrimonio placero al que compré frutas y verduras durante muchos años, y que se jubiló hará unos diez, sin haber conocido este flamante nuevo mercado.
El nuevo Mercado abrirá de lunes a sábado, de 8 a 3 de la tarde.