De nuevo en uno de estos geniales líos gastronómicos made in Monforte&Compuertas por la provincia de Cádiz. La salida, antes de las 9 de la mañana, para llegar al desayuno en la Venta El Carbón, con una impresionante rebaná de pan autóctono con manteca colorá y blanca a partes iguales. Los olores nos devuelven a nuestras meriendas infantiles, en un viaje al pasado gastronómico pobre y sin embargo rico. (Antes de salir hago la compra de pescado, frutas y verduras en nuestro mercado de abastos de Cádiz. Primero la obligación y luego….). Tras el desayuno mantequero y aceitoso, el grupo -50 personas- está ya más que integrado social y gastronómicamente comiendo. Las ventas siempre han hecho amigos.
Una de cal y otra de cultura: nos espera la ermita, situada en la cañada real de Cádiz a Algeciras, área de descanso y oración de la autopista visigoda, y única en Andalucía, que luego explotaron romanos y árabes, antes de que llegara Alfonso X El Sabio y mandase callar. Medina Sidonia no ha sido una ciudad cualquiera. De la torre de la ermita -mitad romana y mitad musulmana- echaban aceite hirviendo a los enemigos, seguramente virgen extra. (Aquí no comimos nada, solo escuchamos a Carlos, ermitaño con plaza fijo, que nos relata la historia del enclave, entre capiteles romanos, pozo e inscripciones visigodas, piedras árabes, imágenes barrocas y sillas de academia de autoescuela. Perfecta evolución.

A continuación, el grupo se mezcla bajo el sol con el pueblo llano, además de pijos y turistas sin fronteras, para degustar los chicharrones puestos a pie de acera, recién hechos, maridados con vinillo de Chiclana. El Bar de Paco Ortega saca a la calle su barreño cada fin de semana. En la pared del establecimiento, una inscripción romana, al parecer una tumba: “aquí yace…..” no estudié latín, pero allí está alguien que quiso vivir eternamente junto a los chicarrones de Medina, listo sí que era…

Próxima estación, al joven Museo Arqueológico, que muestra las elegantes cloacas de la ciudad romana, cuya red se extendía de arriba a abajo, y que recorrían los esclavos para su mantenimiento. Asido Caesarina tenía unas magníficas calzadas hechas de piedra de tarifa, hoy descubiertas en un pequeño trozo del Cardo Maximus, calle mayor con sus aceras y marcas de los juegos de niños, que no conocieron la playstation.
Ya tocaba almorzar, y fue en el prestigioso Restaurante El Duque, con un menú repertorio especial para el grupo de Visitas de Comé: un menú a dos bandas, es decir, madre e hijo, Ana María y José Luis, ofrecieron sus mejores platos, de dos en dos, en dos estilos; la experiencia y madurez de un lado versus la fuerza del JASP por otro, que resultaron quedar en tablas. Todo excelente. Yo me quedo con el “alfajor, foie, lima y coco” estreno mundial, y con el arroz meloso con perdiz, una obra de arte. Y de la torrija, decir que sensacional.

(Queda la última aventura: la visita del grupo a la nave de Sobrina de Las Trejas, S.L, pero merecen un post aparte).

Visitas de Comé es ya una marca, como en Paris lo es la subida a la torre Eiffel, en Venecia un paseo en góndola o en China un recorrido por la Gran Muralla. Visitas de Comé es el marchamo gastronómico y turístico de la provincia de Cádiz, con referencias seleccionadas, con calidad y voluntad. Visitas de Comé, con su premio de turismo concedido el pasado mes de septiembre, tiene todas la papeletas para consolidarse como una excelente actividad cultural y de ocio para gaditanos y resto del mundo. Visitar, conocer, saber comer y comer con fundamento es cultura.
CRÉDITOS: Han intervenido por orden de aparición: En la Venta El Carbón, Pan de telera de Santo Tomás de Naveros. Aceite de oliva virgen extra Oleum Viride de Zahara de la Sierra, cosecha actual. Zurrapa blanca o colorá de la carnicería Cabañas de Medina.

En la Plaza de España: los chicharrones del Bar Ortega, de tocino entreverao, con fino granero de bodegas Sanatorio de Chiclana.

En el restaurante El Duque: seis platos y dos postres, clásicos de la zona y las versiones más innovadoras de los mismos, en especial para Visitas de Comé: Alfajor, foie, lima y coco; molletitos caseros con pringá de la berza; berza con “tos sus avíos”; paté de perdiz en escabeche; arroz meloso con perdiz; ravioli de rabo de toro; rabo de toro guisado a nuestro estilo; poleás con pan frito y miel; y torrija caramelizada, coco y fresas. Vino Tinto Cortijo de la Jara (Roble), y Tintilla de Rota.

Y para no perderse un detalle de este magno acontecimiento, lo mejor es leer el post de mis amigos de Tubal.
(Y de la ermita hablaré otro día, que ya es muy tarde).