Tambores acompasados y pancartas contra la pobreza en Sevilla el pasado viernes dia 15. Manifestación nocturna y con poquita alevosía. El hambre no hace ruido, no tiene fuerzas, solo escribe y mira de vez en cuando. Entre los que salen a gritar, mucha gente joven, en los que adivino una mirada limpia, pero también monjitas de hábitos, que son las que más saben del dar de comer en nuestras ciudades, y lo hacen en silencio; tres comedores sociales hay abiertos en esta ciudad, y todos se llenan, hay que comer todos los días. La pobreza no está en crisis, aumenta. Y si la cosa está mal a nuestro alrededor, qué estará pasando en el sur del sur…¿Quién vigila allí los estómagos?.

Banderas y lemas barren la avenida, pero allí mismo, cada veinte metros, sentado en el suelo, hay un mendigo rodeado de cartelitos. Marketing de cartón y a veces con faltas de ortografía. ¿Será este pobre del mismo equipo de los manifestantes?. También recorre la calzada sin tranvía un joven yonki en los huesos, que ni siquiera pertenece al mundo de los pobres.

Mientras tanto, alrededor, los turistas siguen mirando las listas de precios de los restaurantes, los estudiantes preparan la fiebre del viernes noche, la gente anda muy deprisa, y yo, con el carrito de la compra lleno de fruta y verduras que es algo así como la riqueza en especie, tampoco sé adónde pertenezco.

Los manifestantes van contra los gobiernos, que ahora dejan de soltar pasta a los países pobres. Aquí también tenemos pobreza, por culpa de los de siempre. ¿Dónde está el dinero que algunos han logrado reunir por la cara en pocos años?. En la cocina global nadie se responsabiliza, la nevera está desorganizada, los productos se deterioran y apenas se hace la compra. Contra la pobreza o más bien contra el golferío.