El pasado miércoles, el cantaor Miguel Poveda llenó la plaza de Toros de la Real Maestranza de Sevilla, abriendo la XVI Bienal de Flamenco con su espectáculo “Historias de Viva Voz”; todos los medios escritos y digitales lo contaron. Ayer jueves a las 17 horas, para no coincidir con otros actos de la Bienal, un grupo de artistas menos conocidos, pero excelentes en talento, capacidad, profesionalidad y curriculum, actuó en el Centro Cultural Cajasol, dentro del ciclo “Flamencos Anónimos”, organizado por la Asociación de Artistas Flamencos. La asistencia fue mínima, tal vez por la hora, el calor o la falta de apoyo y compromiso de la Bienal, pues el ciclo es una de sus actividades paralelas.

Me encantó ver de nuevo a Ana Márquez “La Marquesita”, bailaora sevillana,  de gran temperamento y poderoso zapateado, una gran profesional. Hace algunos años fue la ganadora del Concurso de Baile por Alegrías de la Peña La Perla de Cádiz, con una brillantísima actuación. Ana es docente de la Escuela del Museo de Baile Flamenco de Cristina Hoyos y tiene su propio cuerpo de baile. “La Marquesita” salió ayer al escenario sin haber almorzado, (razón de más para contarlo en este blog) y anulando su tarde de trabajo.

También nos encandiló la segunda actuación, de Diego Villegas, un músico de instrumentos de viento, que se atrevió con la copla fusionada con flamenco y jazz. Un gran intérprete que nos hizo levantar del asiento. Villegas es de Sanlúcar de Barrameda. Estoy segura de que en el futuro se hablará mucho de este artista.

Y por último, un gran bailaor, Jesús Fernández, gaditano que vive en Madrid, y premio “Desplante” en el Festival de Cante de las Minas de La Unión 2010. Presentó un estilo nuevo, original y finalizó con unas alegrías completas –más de 20 minutos- en las que lo dio todo. Un artista inolvidable. Al acabar su actuación sufrió mareos por el calor y mi abanico lo reanimó. Ana Márquez, Jesús Fernández y Villegas, dieron lo mejor de sí mismos. Hoy, nadie ha hablado de ellos en la prensa.

La escasa difusión del espectáculo –que ni siquiera figuraba en la agenda de los medios- no correspondió al duro trabajo y esfuerzo que desarrollan estos artistas desconocidos, que tienen que vivir de la docencia y de las actuaciones en tablaos ante la falta de oportunidades para su carrera.

Pero también he podido comprobar la falta de respeto del público que acude a los festivales flamencos veraniegos (lo he visto en Cádiz), que, a pesar de celebrarse de madrugada, permiten la entrada de niños muy pequeños, que deberían estar durmiendo y que lógicamente, lloran y molestan a los espectadores. Hay padres y madres muy poco responsables y organizaciones muy permisivas. Los artistas se merecen toda nuestra atención.

La Asociación de Artistas Flamencos nace a principios de 2008 para unir esfuerzos en defensa de los intereses de estas figuras del arte flamenco, con años de experiencia laboral y profesional y con pocas oportunidades para su profesión. Es un movimiento socio-profesional para la reivindicación de los derechos de los artistas y la dignificación de su trabajo. Cuenta en la actualidad con 150 asociados. El proyecto “Flamencos Anónimos” ofrece un espacio escénico a aquellos artistas flamencos desconocidos para la gran mayoría. Son jóvenes y maestros de gran calidad y talento.

Este pequeño comentario bloguero es solo para solidarizarme con estos genios del flamenco, cantera de nuevos valores y esperanza para futuras generaciones, en la búsqueda de la dignificación de un arte que va camino de convertirse en patrimonio de la humanidad. Un respeto para las ilusiones y el talento de nuestros artistas más universales.