Al regreso de mis vacaciones mis libreros me tenían preparada una sorpresa. Suelo pasar por su tienda (Céfiro) todas las semanas en busca de novedades interesantes de libros de cocina y gastronomía sobre todo, y porque además me viene de camino de la peluquería. El objeto, envuelto en un papel de periódico, era una magnífica botella de aceite de oliva La Torre de Porcuna, producido en esta localidad jiennense, cercana a la de Martos. ¡Menudo regalo!, por excelente y por inesperado. Saben cómo valoro estas cosas (aceite de oliva de categoría superior obtenido directamente de aceitunas y solo mediante procedimientos mecánicos dice la etiqueta).
Durante la Expo-92, alguien nos regaló estos vasitos pequeños, para chupitos o licor. Van numerados del 1 al 6, advirtiendo del peligro de una copita de más. La verdad es que siempre les he tenido cariño, tal vez porque fueron recuerdo de una época feliz de Sevilla, en la que tuvimos la suerte de conocer gente de Europa (Hungría, Alemania), América (Colombia, Méjico, Argentina, Estados Unidos), Asia (China), llegados a la ciudad hispalense para trabajar, estudiar, o como intercambio cultural o turismo. Con ellos salimos de copas, bailamos salsa, disfrutamos de sus respectivas cocinas, y aprendimos -en el caso de los colombianos- a saborear un buen café. (Los mejicanos son los mejores contando chistes).Una (es poco), Dos (no basta), Tres (suficiente), Cuatro (demasiado), Cinco (Cuidado) y Seis (A la cama)…

Este mueble llamado por aquí tradicionalmente “fresquera” , es el regalo de mi cuñado a mi hermana la menor por su cumpleaños, el próximo viernes 10 de septiembre. La verdad es que le queda monísimo en su cocina, pudiendo guardar en él productos frescos sin perder la ventilación. Creo que es un invento antiguo, si bien está hecho a medida del hueco disponible en la cocina. En la mía no me cabe, así que mejor que no me deje llevar por la envidia, que no es sana. ¡Y felicidades Manoli, y que cumplas muchos más!

Y para rematar los regalos, la foto de la playa Victoria en Cádiz (yo con lo mismo de siempre….) tomada por la tarde, pero que casi me llega el olor a sal y el sonido de las olas. Estaréis de acuerdo conmigo en que esta playa es un regalo para la ciudad, para el ocio, la diversión, la expansión de la vida social, apta para todos los niveles de renta, población activa o en paro y público de todas las edades. Playa sin tener que coger el coche y todo el año, esto es un lujo, ¡qué buen regalo!.