Ha pasado mucho tiempo, nos hemos ido rompiendo y quedamos pocos; pero, a pesar de algunas lascas en los bordes, seguimos siendo bellos. Por algo nuestro cristal es de la mejor calidad, así como el tallado de nuestras paredes. Todavía notamos la cara de admiración que pone Charo cada vez que nos coge en sus manos. Y es que hoy hemos tenido una sesión fotográfica. Luego me han pedido que escriba algunas palabras, como éstas, a mí, la jarra del juego de cristalería.
Éramos un gran equipo, una familia completa, de cinco edades o tamaños: agua, vino blanco, tinto, licor y cava, cinco usos o destinos distintos. Estuvimos mucho tiempo en el escaparate de una de las mejores tiendas de regalos del centro de la ciudad, hace muchos años, creo que alrededor de 60. Y fuimos regalo de una boda en los años 50, de Paco y Maruja y de Eloisa y José Luis a finales de los 30. En el primer caso, nos llevamos muchos años tras las vitrinas del mueble del salón, donde descansábamos entre fechas de onomásticas, bautizos y sobre todo navidad. Con nosotros se disfrutaba el buen vino y el licor.
Somos supervivientes, porque aquellos a los que servimos en nuestros momentos de gloria ya no están y sin embargo nosotros sí. Porque ahora, en esta segunda o tercera edad, esperamos con la misma ilusión volver a llenarnos de buen vino, o tal vez de cava, y que nos muevan en un brindis de ojos brillantes y sonrisa sincera, porque para eso fuimos fabricados. Porque amamos la vida como todo el mundo.

Ahora, desde nuestra nueva vitrina vemos adelantos impensables allá por los 50 y cambios en el modo de vestir de la gente, incluso hay una máquina llamada lavavajillas que nos deja como nuevos. Y sobre todo, queremos decir que nos encanta mezclarnos con los vasos jóvenes de cristales poco nobles, dignos de otra clase social, porque la juventud también es un grado. Podríamos contar muchas historias de amor, amistad, tristeza, alegrías y ausencias. Y solo deseamos estar en momentos y personas que valoren la felicidad. Para ser feliz, lo primero es saber adaptarse a los tiempos… ¡va por todos vosotros, amables lectores del blog!.