El Ministerio de Sanidad -a través de su titular Trinidad Jiménez- y los consejeros autonómicos han redactado un documento en el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS), por el cual se limitará la venta de ciertos alimentos en las máquinas expendedoras, cantinas, quioscos o locales situados en el interior de los colegios. El objetivo: la lucha contra la obesidad infantil, que no para de crecer.

Será necesario el consenso además de las autonomías, los consumidores y los empresarios. Pero este texto servirá de base a la futura Ley de Seguridad Alimentaria y de Nutrición, actualmente en trámite y que podría estar aprobada a finales de este año o principios del próximo. El documento propone entre otras cosas sustituir la bollería, los refrescos, aperitivos y chucherías, sustituyéndolos por zumos, frutas y bocadillos.

Es decir, se ponen trabas a la venta de comida y bebida con alto contenido en grasa, sal o azúcar, y con poco valor nutricional (bollería industrial y refrescos azucarados). Y en cuanto a los menús escolares, éstos deberán suministrar aportes alimentarios en cantidad y calidad suficiente para satisfacer las necesidades nutricionales de los escolares según edad. También se aconseja dedicar a la comida un tiempo no menor de 30 minutos. Los alimentos precocinados estarán limitados.

Ya era hora de ir tomando medidas para combatir los malos hábitos en la alimentación infantil, fomentados por el consumismo, pero también motivados por las malas prácticas de los padres, que por comodidad no están educando correctamente a sus hijos en la forma de comer.

Como contrapunto, traigo foto de detalle del pequeño catering servido a los ejecutivos -adultos- en unas recientes jornadas empresariales, que, junto al café ofrecía tortas de Inés Rosales, una propuesta muy artesana y andaluza, en lugar de productos industriales. Una gran idea para el café de media mañana. A ver si cunde el ejemplo.