Si las puertas de los muebles se desencajan, la madera se agrieta, los electrodomésticos están oxidados, el suelo se levanta o los azulejos se despegan, entonces nuestra cocina ha perdido el mínimo glamour y es necesario hacer obras. Esta frase aterroriza a cualquiera, no solamente por el coste económico –que puede ser más que importante- sino porque durante varios días o incluso semanas la casa pierde el lugar mágico donde guisar, calentar, reponer, conservar, y tal vez desayunar, cenar o intercambiar conversaciones –como en las series tontas de la tele-.

Uno se imagina la situación como un verdadero desastre doméstico y sobre todo alimenticio. Habría que comer en la calle, o preparar un hornillo eléctrico para calentar o comer en casa de la abuela, que es lo más socorrido…. Pero ¿dónde colocar platos, cubiertos, batería de cocina, vasos, etc., de modo que guarden un mínimo de orden e higiene?

Afortunadamente hay contratistas e instaladores que piensan en todo. Prueba de ello son estas fotos de la cocina provisional de nuestros buenos amigos Esperanza y Miguel, con cuatro hijos en casa de diferentes edades (unos estudian y otros trabajan), que vienen a comer a diferentes horas y que necesitan continuar sus rutinas. El responsable de la obra, antes de iniciarla, les ha dejado instalada una apañadísima cocina provisional, hecha con restos de los muebles viejos, pero con tal funcionalidad que no se echará de menos la cocina de siempre, ahora llena de escombros. En este decorado coyuntural se podrá guisar, calentar, fregar y comer digna y plácidamente como toda la vida y además más fresquito, ya que está situada en el sótano de la casa.

Creo que es un buen ejemplo de cómo organizar bien una obra. Eso sí: se necesita un lugar tipo garaje o sótano dónde ubicar esta instalación provisional, que las casitas adosadas o chalets sí tienen.

Esperanza, cocinera jefa de la familia y persona muy organizada en sus trabajos (profesional y casero) está encantada con la solución cocinera mientras dure la reforma, y sus hijos están tan contentos con la cocina suplente que casi les gusta más que la titular. Hasta la mesa tiene puesto su clásico hule.

Ya sabéis: meterse en obras no tiene por qué ser una tragedia, y además, en este caso no hay excusa para no comer en casa.
(Realmente este blog esta cada día más cotilla)