No pude hacer una crónica medio en condiciones para el blog, porque el sábado pasado me dolía la cabeza –cosa rara en mí-, tras asistir al último partido de liga del Cádiz, que jugaba con el Numancia, que por cierto no arriesgaba nada; fuimos, a sabiendas de que al final habría disgusto. Y así fue.
Seis partidos estaban implicados en la cuestión de subir, permanecer o bajar, en la división de plata de nuestra liga de fútbol. Doce equipos con demasiado riesgo mancomunado. Y el Cádiz dejándolo todo para el final, mala costumbre, cuando ya no quedan recursos ni presupuestos ni probabilidades, como el gobierno más o menos. Cultura de la improvisación….Pero ver jugar al Cádiz siempre tiene su puntito.
Para empezar, estadio con la tribuna derribada, dejando al descubierto la avenida principal de la ciudad, así como a los muchos espectadores colocados sobre una muralla cercana, además de los acostumbrados vecinos de los bloques colindantes. Cutre era la impresión; de abandono, de provisionalidad, de obras que se paran, que se retrasan o eternizan, reflejo de lo que tenemos y somos ahora.
Con Fondo Norte y Fondo Sur prácticamente llenos, con el amarillo colectivo y continuos cánticos para animar al equipo. A mitad de partido un espectador sin identificar sube artísticamente las escaleras en calzoncillos, por cierto de color negro. ¿Con qué ropa se meterán en la lavadora los calzoncillos negros?. Como la ropa interior blanca nada…. (Ampliar la foto si queréis verlo, sobre la escalera).
Continúo tras el lapsus: en primera fila, abajo del todo, una señora de amarillo con un permanente megáfono en mano (no sé si se dice así, es el chisme utilizado en las manifestaciones, en las de antes al menos), se dedicó todo el partido a presionar y reñir en voz alta al linier tras sus observaciones, para lo que se desplazaba a izquierda y derecha a la vez del ayudante del árbitro ¡pobre hombre!. Los frikis nos tienen rodeados.
Seis goles vimos: cuatro del Cádiz y 2 del Numancia, pero de nada sirvieron. Los pinganillos de las miles de orejas de las gradas informaron de la cruda realidad: ganaron los que no debían ganar, así que el Cádiz, a Segunda B, de cabeza. Tras los cantos regionales, insultos al presidente y gran pitada a los jugadores, por no haber hecho los deberes a tiempo. Otra decepción más en la crisis, una más…Este equipo no es de Segunda B, pero se lo merece. A ver si el año que viene, crecen los brotes amarillos.
Lavé con detergente –delicado- mi camiseta del Cádiz; quedó perfumada y así permanecerá en el cajón. Supongo que a pesar de estar en la división de plástico, renovaré mi carnet de socia, en la temporada del centenario del club. Celebración con obras del estadio sin acabar, con un descenso humillante y con la crisis económica que nos rodea. A pesar de las broncas de la señora de amarillo, el equipo se ha quedado en calzoncillos, como el gobierno –aunque de color amarillo, que van en la lavadora con casi todos los colores.