Vivo a diario la gastronomía en la red: escaparate de páginas webs, blogs, buenas ideas y mejores recetas; platos de excelente presentación con magníficas fotos. Todo esto me trae la inquietud de aprender trucos y datos interesantes sobre el mundo de la gastronomía, y además me enseña a interpretar la vida en clave cocina, cosas mías.
Pero, como blog independiente, desconfío de muchos de los productos que ofrece el mercado de la alimentación, no lo puedo remediar. Sospecho que la calidad en ellos no suele importar demasiado, y que valoran otros factores más peregrinos que la salud del consumidor.
Entro en un supermercado y accedo a un mundo lleno de colores artificiales, con muchos envases, cajas de cartón, logotipos espectaculares, mensajes publicitarios, producto del marketing y el diseño para fomentar el consumo porque sí; y en cada artículo solo veo información sobre composición y nutrientes, como los términos de una ecuación, que hay que igualar de cualquier manera. Compruebo con tristeza que las verduras y las frutas –únicos con sus colores naturales- se colocan al final, y la carne tiene pinta más bien mediocre. Del pescado mejor no hablar, con bajos precios que hablan por sí mismos. A veces en los supermercados se marginan los productos sencillos, básicos, sin procesar.
La industria comercializa sospechosos productos parecidos a los alimentos, bajo mensajes de que son muy saludables. Y para colmo, veo que la crisis ha hecho bajar los precios en los supermercados, y eso me da aún más desconfianza. ¿Qué nos estarán vendiendo? ¿Habrán rebajado la calidad o cantidad de producto?.
Antes decir “comer variado” era suficiente; ahora hay que consultar las etiquetas, leer manuales de nutrición, ver reportajes sobre hábitos de compra, aprender dietética, estar al tanto de los nuevos productos, conocer tiendas de gourmets, etc. todo se complica, gracias al procesado de los alimentos. La industria domina al sentido común y yo me veo obligado a manifestarme pacífica pero firmemente por la calidad en los alimentos.
Como blog me declaro activista de la alimentación sana, a pesar de que seguramente estaré mal visto, pero yo sigo con mi discurso: Por una alimentación sana, lo primero son buenos productos, y éstos -por desgracia hoy- no se encuentran tan fácilmente.