El pasado viernes 28 de mayo se celebró el Día Nacional de la Alimentación. En los países desarrollados ese nombre evoca sobrealimentación y sedentarismo como problemas colectivos asociados. Luego la preocupación individual es saber elegir lo que uno come, porque hay demasiadas clases de alimentos…. y muchas pamplinas, para luego abrir la nevera y no ver ni una buena carne, un pescado decente, buenos tomates y unos huevos frescos, además de la ausencia de la fruta para alegrar la cocina. Hoy los alimentos se esconden detrás de envases de diseño.

Pero en muchos lugares de este mismo planeta hay quienes solo aspiran a comer una vez al día, caliente o frío, lo que les pongan por delante, sin opción a leer la etiqueta, o a contar las calorías de la olla común de la solidaridad. Ellos sí aprecian el valor del pan. Y son mil millones de hambrientos.

Dijo un periodista en la radio que para los políticos solo somos votantes, no ciudadanos. Está claro que para el mundo rico la comida es a veces un conjunto de nutrientes, no alimentos.

Los políticos están perdiendo el respeto a los ciudadanos, pero nosotros estamos perdiendo el respeto a la mesa.