Hoy jueves –bueno, ya es viernes por la hora- se ha puesto en camino hacia la aldea de El Rocío la última hermandad de las cinco que existen en la capital hispalense, llamada también Sevilla, con unos 8.000 peregrinos. (Las otras son Macarena, Cerro del Águila, Sevilla Sur y Triana y ya salieron). Mucho rociero suelto por aquí.
Tras la misa de romeros en la iglesia del Salvador, con el fresquito de siempre, es en esta plaza donde se concentran caballos, carretas y mucha gente a pie, para formar el desfile. Por la noche se concentran también aquí para beber cruzcampos gente de toda condición, pijos y ‘canis’, así es Sevilla. Este año no recuerdo haber escuchado los cohetes… ¡qué raro!, pero el ruido de la muchedumbre esperando a la Hermandad de Sevilla me hizo salir a la calle un poco antes para el café laboral, a eso de las 9.30 horas. Subidón al escuchar palmas y cantes por sevillanas de los peregrinos, y entonces saqué estas fotos. Sevilla consigue siempre una bella puesta en escena de todo lo que se le ocurre. Por eso es Sevilla.
Las carretas iban tiradas como es tradicional por bueyes, y cada año van mejor adornadas. También tengo que hacer otro comentario frívolo y es que los vestidos o “batitas” rocieras de las mujeres, más ligeras que los trajes de flamenca, son cada vez más bonitos. Además, estas batas –para quien no lo sepa- se complementan con ‘botos’ rocieros para hacer el camino, en vez de zapatos de tacón o de esparto que se usan para la feria (marchando una de cultura rociera de a pie).
Durante mi labor de fotógrafa rociera compartí acera con dos felices jubilados que me ilustraron sobre la composición de esta hermandad de Sevilla, de su historia. Dicen que en la de Triana lo que hay es mucho ‘famoseo’, pero que ésta es la más elegante de todas. Los jubilados saben de todo.
No me siento rociera en absoluto a pesar del tiempo que llevo en Sevilla, y a pesar de haber visitado en más de una ocasión la aldea onubense, tal vez porque no entienda la mezcla de lo religioso con lo lúdico, y algo artificial; pero merece la pena ver la salida de una hermandad hacia El Rocío como ésta, en una ciudad que vive tanto la calle como Sevilla, pasando por los lugares más céntricos. Hay muchos rocíos, uno por cada persona que peregrina.
Estoy escribiendo este post rociero mientras escucho los cánticos de los sevillistas o ‘palanganas’, como decimos los béticos, dirigiéndose al estadio de Nervión para terminar la celebración por la copa del Rey de fútbol conseguida. Ayer fue su noche y hoy ha sido su día. El barrio está acostumbrado a gritos, bufandas, claxon de coches, y a celebraciones de goles y ligas. Yo esta mañana temprano he felicitado a mis amigos sevillistas, porque ayer se merecieron el triunfo. Lo uno no quita lo otro. El Betis se mantiene, pero el Cádiz casi me quita el sueño.